En los vagones del Subterráneo la niña vende libros de colorear. Con atrevida ingenuidad y desganada sonrisa busca ganar ternura al palmear las manos a extraños que las esconden temerosos de infectarse de pobreza.
Cansada se sienta a jugar con monedas atesoradas en la soledad del bolsillo del pantalón; tiene el estómago vacío y la desilusión llena .
Un hombre que contempla sin pudor sus incipientes senos se acerca y le habla al oído. Ella lo mira con temor. Saca las monedas y las cuenta: una,
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