¿Qué será lo que me daba mi madre? Esta pregunta me la hacía cada fin de semana. Los lunes, al despertar, sentía un leve cosquilleo y mi flor comenzaba a despuntar. Los martes, con los primeros rayos de sol, era un junco cimbreante. Los miércoles, amanecía en su máximo esplendor, enhiesta, formando una estupenda tienda de campaña. Solo me faltaba un frondoso bosque donde poder plantarla, pero el trabajo me impedía dedicarme a esos menesteres. Los jueves, no sé por qué causa, comenzaba
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