Ven a mí, corazón
Ven a mí, corazón, no te amilanes,
despójate de todo lo vivido,
pretéritos de insomnios sostenidos,
desvelos entre sombras fantasmales.
Ven a mí corazón, salta la valla
camina sin apegos por el monte
verás nacer los nuevos horizontes
sigue sin claudicar, toma tu adarga.
Ven a mí, corazón, gánale al miedo,
mantente resiliente, persevera,
no dejes que te abrumen la conciencia
ni dejes escapar todos tus sueños.
Ven a mí, corazón, jamás vencido
tu fuerza es la matriz que te motiva,
te empina en la esperanza y dignifica
aquello que defiendes con civismo.
No dejes de vibrar, ven dueño mío,
vislumbra con tu aurora la esperanza
no dejes de latir en mi algazara
y enséñame a enfrentar los desafíos.
Ven a mí sin dudar, no importa el tiempo
hay mucho que avanzar en el camino
venciendo hostilidades, desatinos,
en medio de lo angosto y de lo adverso.
Ensancha tu broquel, fiel escudero
no dejes que te pierda el desvarío
que el soplo del amor sea el testigo
que impetre vehemencia en el sendero.
Burila nuestra alianza desde el alma,
impávido, supremo, decidido,
dejando que se asome el optimismo
y el rostro del solaz en la alborada.
Aimée Granado Oreña ©
Gota de Rocío Azul
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