Tras una ruptura sentimental, Jorge aterriza en Beijing para reencontrarse con su mejor amigo, Lucien. Bastan dos minutos para comprobar que su amistad sigue intacta, alimentándose de una energía apabullante. Muy pronto se revela que nada es lo que parece en la vida de Lucien quien, tras una pelea con su novio celoso, no tiene más remedio que confesarle a Jorge que se gana la vida como chapero. Con la huida como pretexto, los amigos emprenden un viaje en tren por China. Su amistad comienza a desplegar un juego de máscaras y contradicciones, a veces cuestionadas, a veces lúdicamente utilizadas. Lucien planea el viaje visitando las ciudades donde viven sus clientes; Jorge se deja llevar, fascinado por la vida homosexual, discreta y libre, y, sobre todo, por los contrastes sociales de China: hay algo futurista y, a la vez, algo arcaico que lo atrapa. Los porros son también compañeros de viaje, bálsamo del olvido… o eso se intenta. Pero todo lo que fueron regresa al presente, en una eterna repetición de lo que son, incluido el amor que Lucien sintió por Jorge en Madrid. La amistad, como el amor, siempre están a prueba, descubriendo al amigo verdadero en aquel que no te exige bajo un cielo diferente.
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