Israel, reinado de David. Tras décadas fuera de su lugar, el Arca de la Alianza es transportada a Jerusalén, recién nombrada capital del reino judío. No obstante, el traslado se ve sacudido por la muerte de uno de sus custodios, el joven Uzzah, quien, tras un tropiezo de los bueyes que arrastraban el carro que portaba la reliquia, extendió la mano para evitar que cayera, falleciendo de manera inmediata. Y es que, según la tradición, el Arca de la Alianza no debía ser tocada bajo ningún pretexto. El episodio ensombrece la llegada del Santo Cofre a Jerusalén y da pie a un intenso debate acerca de la obediencia estricta a los mandatos divinos y si esta debe prevalecer o no sobre el buen obrar de las personas.
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