Cuando se fue, dejó olvidadas sus gafas. Las cogí. Observé sus cristales envejecidos por el tiempo, la montura de pasta, color caoba, de hacía más un siglo, la patilla derecha mordisqueada, de cuando le asaltaba una reflexión y el puente, mil veces reparado. Pensé en las muchas cosas que ella había visto, en los cientos de libros que ella había leído y que compartirnos, en las calles que recorrimos, en las películas que vimos... toda una vida. «Cuánta vida tiene un objeto», pensé. Sabía que nunc
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