El humano robot comienza a recordar a medida que escucha las conclusiones de los científicos. Sus orígenes seculares se remontan a un ínfimo punto en el que no existe el tiempo y cuyo funcionamiento y composición se desconocen. El humano robot imagina esa especie de agujero negro como energía que danza al compás de una música sin sonido cuyas notas componen lo que en este mundo se entiende como paz.
El humano robot ha olvidado sus orígenes. Ignora por qué habita este cuerpo que ve, toca, huele
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