Al cocinero golpeó con fuerza la puerta y eso hizo que Lucía quitara inmediatamente la mano de mi pierna. Aproveché ese momento para moverme un poco hacia la izquierda, pegándome al máximo contra la pata de la mesa. Con la rodilla di un pequeño toque con mi pantalón y la piel desnuda de Don Chalecos. Este me miró y me sonrió levemente. Inmediatamente, mis dos piernas quedaron una junto a la otra, tan apretadas como podía, en el centro exacto del lateral donde me sentaba.
Regi dejó caer la bande
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