Yo, hija de Humita, de la gran lengua muskogi, agazapada entre el maíz estoy. No hago ruido. No levanto la cabeza. Sólo espero a que muera este día. Una lombriz se columpia en una brizna de hierba, delante justo de mi nariz y, por un instante, sonrío. Recuerdo la risa cálida de mi madre, ¡Mujer Maíz! La lombriz desaparece bajo tierra. Mi pequeña sonrisa también. Me arrastro. Me tumbo cerca de un hormiguero. Observo el incesante ir y venir de las hormigas, con sus cestas repletas de semi
All rights reserved