En paro, deprimido, a punto de cumplir los treinta, sin novio y con un barriga cervecera que no para de crecer de forma alarmante, Julián es un joven que ve como su vida se precipita sin frenos por una pendiente terrorífica que parece no tener fin. Solo con la ayuda de sus amigos, las visitas inesperadas del espíritu de su difunta abuela Catalina, que asegura haberle legado su don, y la locura de un amor que pondrá su vida patas arriba, conseguirá levantar cabeza y resurgir de sus cenizas.
No obstante, al comienzo de la época estival, ni él ni sus amigos podrían presagiar que ese será su último verano juntos, pues cuando el otoño cubra los suelos de la ciudad con un manto de nostalgia propio de esa estación, verán como su vida ha dado un giro de ciento ochenta grados. Y como consecuencia todos emprenderán caminos separados.
A lo largo de su relato, Julián desgrana las vivencias de ese verano perturbador en el que disfrutará de los encantos de las cálidas noches de Barcelona y volverá a descubrir el sabor dulce de los besos de un amor de verano. Sin embargo, también quedará en su boca el regusto amargo de la traición, las consecuencias del pecado y el vacío atronador de la pérdida. Julián descubre así que la vida es implacable, imprevisible y deliciosa a partes iguales, y al final, dispuesto a exprimirla al máximo, se lanza al vacío como un loco temerario.
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