https://valentina-lujan.es/Q/quecabriapens.pdf
Que cabría pensar que ya por sentirse humillado o ninguneado porque no se tuviese aprecio por su trabajo, hubiera muy bien podido rebelarse, insubordinarse, y quedarse allí, frente a ella, mirándola no sabiendo desde su nula inteligencia si mejor con rencor o con desprecio; pero, no, que lejos, muy lejos de expresar dolor o resentimiento alguno dejó, al amparo de su inanidad, caer lentamente, muy lentamente, sus largos brazos y, como el azar quiso que en el último viraje el ventanal quedase enfrente, contempló feliz, desocupado y despreocupado el cielo azul que siempre se tenía que conformar con ver más o menos deprisa y siempre de refilón.
Consideró, allí, parado, sin nada que hacer, la posibilidad de por primera vez en su vida dedicarse a pensar, tan nada de tiempo para esparcimientos como había tenido siempre; pero desistió, de inmediato, sin haberlo siquiera intentado porque, entendía, “tú no vas a saber hacer eso”.
– ¿Por qué?
Demasiado fría. La señorita tenía razón en eso, fría, indiferente, indolente, insensible, apática y, sin embargo, desapasionada, prudente, previsora, cauta, precavida…
– ¿De verdad no lo sabes? ¿No sabes responder algo tan sencillo?
– Es que… Lo estoy intentando, pero sólo encuentro +, -, x, %, Rad, tan, sin, cos y cosas así. Pero, lo siento cariño, interrogaciones no tengo.
– Lástima, querida, que no podamos entendernos.
– Es que… Me gustaría poder ayudarte, de verdad, pero no es tan sencillo; estoy hasta mareada de tanto devanarme los sesos, pero interrogaciones no encuentro.
– ¿Quieres que te dé un poco de aire?
– ¿No te da pereza?
– No sé hacer otra cosa.
– ¡Qué vidas las nuestras!
– A veces sueño, fíjate, con la obsolescencia, ¿tú no?
– La vivo, a pierna suelta, cuando se me terminan las pilas.
Etiqueta: El despertador de la señorita Susi
All rights reserved