Max y Sara tienen once años y son mejores amigos. Juntos viven los últimos días de verano como si no existiera el final: mañanas en el río, tardes de juegos, salidas nocturnas… Sin embargo, un suceso fuera de lo común va a transformar este idílico verano, así como el vínculo que ellos comparten.
Esta es la historia de Max, un niño de once años que sin saberlo va a vivir uno de los episodios más importantes de su niñez: el fin de la infancia y el comienzo de la adolescencia. El corto narra la primera experiencia de Max como adolescente, con las primeras sensaciones de soledad, inseguridad, miedo… pero también, esos descubrimientos que se producen al darse cuenta que la vida no era como nos la habían contado, que hay más, y hay que descubrirlo, experimentarlo y sentirlo.
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