Un trozo de mí Nunca me gustaron los cuentos de hadas. Tampoco cayó en mis manos ningún tebeo de Mortadelo y Filemón.
Aprendí a querer pensar por mí misma de muy chiquita, demasiado rápido, y por eso se me comieron las pesadillas. Soñaba con la muerte venida por muchos caminos distintos y mis gritos de terror despertaban a toda la casa. Pero aprendí a leer y mi hermana mayor me regaló una novela, la primera de muchas, y mi mente tuvo otra cosa en qué pensar: grandes aventuras dando la vuelta a
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