Eres como esa canción del maestro que nunca he querido escuchar y de repente me he puesto a cantar. Eres como ese vaso de whisky con hielo que no he querido beber y me ha conseguido emborrachar. Eres la cálida luz de la vela que alumbra los días de tormenta desde la mesita de noche, que da la luz oportuna a los momentos más necesarios. Eres como el primer café de la mañana en una fría semana de invierno, calentando el cuerpo entero y alejando la pereza de mi propio ser. Eres la tranquilidad de m
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