Antes solía ir buscando notas con los dedos sobre el cuaderno, la pierna, el vacío. Todo podía convertirse en el teclado que no tenía delante.
Me he construido unas teclas portátiles, de dos colores, como las de verdad. Con fichas dobles blancas de dominó y colocadas al revés, negras. Al presionarlas golpean una tablilla de madera que encontré olvidada tras un domingo de rastro. Suena como si fuera de cristal.
Las llevo en el bolsillo y con los dedos persigo los pasos verdes que se intentan es
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