Fuimos un tándem perfecto, la pareja ideal, la suavidad de su trato, la caricia de sus manos y su dulce atractivo sacaron lo mejor de mí. Lo nuestro era un baile acompasado, ningún ritmo se nos resistía; nuestras vueltas, piruetas, saltos y vainica doble causaban furor y eso que siempre andaba muy ocupada, pero la noche, la noche cuando todos los demás dormían, esa era nuestra.
Solo había que ver las miradas que me echaba, el mimo con el que me trataba, los susurros que yo le entendía perfectam
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