Miro por la ventana y observo tus pasos firmes, tus gestos suaves, tus manos pequeñas, tu espalda ancha que me llama a apoyar mis manos, tus brazos fuertes y tu voz entrecortada. Esa voz que parece que necesitara el aliento de un beso.
Te alejas y me llevas a tu lado, en una nube, en una gota, en una sonrisa, en cualquier palabra escuchada al azar.
Te pienso en la suavidad de mi piel cuando me acuesto. En el aroma de mi pelo esparcido por la almohada, imaginando que te sumerges en él.
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