Cercado por los cristianos en Granada y ya preparando su próximo exilio a las Alpujarras, Boabdil decide celebrar una velada de ocio junto a la aristocracia granadina en la sala del Mexuar, en la Alhambra. Para dar realce a tal evento, dispone la lectura de los poemas de las Horas, escritos hacía ciento treinta años por el místico sufí Ibn al Jatîb para su antepasado, el sultán Mohammed V. Dichos poemas descienden puntuales, hora tras hora, a través de las rampas de un horologio, una máquina del tiempo diseñada para otra velada similar más de un siglo atrás. Cada uno de aquellos poemas agita poderosamente la conciencia del sultán, haciéndole reflexionar sobre el significado de su vida y llevándole a situaciones en las que reconoce los elementos que la han distorsionado.
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