La Semana Santa de Sevilla se muestra al mundo como esplendorosa
expresión del cristianismo, durante unos días, en los que
presenta las maravillas de las que presume el resto del año. La
idiosincrasia de esta ciudad se pasea por sus calles, dejando ver
todos los aspectos que definen a los sevillanos. Entre ellos, la
defensa acérrima de una pasión que se desborda sin control,
como lo hace el azahar al inicio de la primavera.
Por eso fue elegida por la Organización, para atacarla sin
piedad, aprovechando su relevancia en el mundo entero, potenciando
su mensaje. Era una mera representación de todo lo que
odiaban. Y cualquier acción estaría justificada. Todo había sido
planeado al milímetro, por lo que la confianza ciega de Silvano
Hevet y sus chicos estaba desprovista de miedos y dudas. No eran
conscientes de que el teniente de la Guardia Civil Pedro Castro
iba a seguir investigando, a pesar de todas las trabas que se interponían
en su camino.
Se pone en juego la lucha psicológica entre dos mentes
brillantes, que habían elegido caminos opuestos, y que el destino
había querido enfrentarlos en una encarnizada lucha que sólo se
permitiría un vencedor.
La Operación Pasión estaba en marcha.
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