Concluido un examen en la Universidad, Lucía va con su novio a pasar el fin de semana en la playa con unos amigos. Por el camino, una distracción hace que su coche se precipite a un barranco. Al amanecer del día siguiente, tanto entre sus amigos, como en su familia, su ausencia despierta la alarma y comienza la búsqueda. Hacia mediodía aparece su carro, pero vacío y sin rastros de Lucía.
Mientras la búsqueda avanza, bajo la forma narrativa de un futuro juicio del que solo se toman las respuestas de los declarantes, al lector se le va anticipando que otro joven vio el coche de Lucía caer por el barranco; que se detuvo y la rescató, dejando en el carro al acompañante por creer que ya estaba muerto. Lucía, nerviosa, rechaza que el joven la lleve a una clínica y tampoco a su casa. En cambio, dado que el joven vivía cerca, sí acepta que éste la lleve a la suya. “Allí te tranquilizas y luego vemos qué hacemos, ¿vale?” Tumbada en el sofá, deprimida y agotada, acaba por quedarse dormida. Cuando despierta es medianoche. Semiconsciente aún y asustada, sufre un ataque de pánico y comienza a gritar lamentos y acusaciones, de modo que David, el joven, se ve forzado a reducirla y amordazarla. Ahora el asustado es David, consciente de que la violencia de la que acaba de hacer uso cambia la perspectiva de los hechos, lo que le conduce a retenerla en su casa por tres días, hasta que sus padres regresan de la playa.
Fuera, mientras tanto, la búsqueda y los acontecimientos continúan, y tras la liberación de Lucía ya nada es igual. Los diarios se han hecho eco de la noticia y uno de ellos publica la foto de David. De este modo, Pedro, el padre de Lucía, descubre que aquel, contra el que ya ha interpuesto una demanda por secuestro, es hijo suyo, habido en su día con Gladys, la criada, y del que no quiso saber nada, forzando a su madre a entregarlo en adopción. Este hecho, sabiéndose él mismo también adoptado, desencadena en su ánimo una crisis de identidad, que le llevará a buscar afanosamente quienes fueron sus padres para saber si él había sido también rechazado por ellos como él había rechazado a su hijo.
La declaración ante la Fiscalía propicia un acercamiento entre los jóvenes, quenes deciden regresar al luga de los hechos, a consecuencia del cual Lucía queda embarazada, lo que, de inmediato, lleva a Pedro a presionarla para que aborate, sabedor de que los dos jóvenes son hermanos.
Las averiguaciones de Pedro le llevan a encontrar a su madre y, a través de ella, descubrir que su origen estuvo relacionado con un programa del Gobierno para el mejoramiento de la raza. El desenlace se completa con el carro de Lucía nuevamente precipitado a un barranco, pero, esta vez, empujado por Carlos, su acompañante en el primero. En el accidente se produce la muerte de David, y Lucía es recuperada con vida, pero habiendo perdido al niño.
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