Eldir es un personaje bastante complejo. Es un príncipe y un guerrero cuyo valor y fortaleza yacen en lo más profundo de su ser, porque, desde que era pequeño, fue apartado de su familia para ser criado en el arte del combate y de esta forma poder defender a su pueblo una vez que creciera. Lleno de dolores, sufrimientos agónicos y tortuosas horas de desesperanza, Eldir emprende un viaje a lo desconocido para escapar de la vergüenza que le embarga al creer que no podía ser mejor que su hermano mellizo, Conrad, destinado a ser rey. Aunque su viaje se convierte en algo muy peculiar que lo llevará hasta nuestros días, en un sitio lejano de la bella Argentina, perdido entre su universo y el nuestro. Dos personajes le darán acogida en las nuevas tierras. Ignacio y Gabriela, que son la viva imagen del amor fraternal, de la amistad pura y de la inocencia y castidad del romance –en el caso específico de Gabriela-, pero no se trata de una historia romántica. Lo que la autora intenta decirnos con ella es algo muchísimo más profundo. Es una ayuda para mirar dentro de nosotros mismos y descubrir quiénes somos a pesar de las heridas, por profundas que estas puedan parecer. Es un camino al perdón, a la trascendencia de nuestros aprendizajes y a la sanación del alma. Es una historia bella, llena de matices y fantasía que te lleva de la mano por todo el camino hasta un final que parece prometer algo más.
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