Son dos términos diferentes. Uno es claridad, seguridad, bondad, brillo, mientras que el otro es ceguera, odio, maldad, rencor, vacío.
La luz nos hace ver el camino, el amor, la esperanza, permite que veamos el camino del bien, que no demos pasos en falsos, mantener vivos nuestros sueños. Representa el bien, la justicia, la felicidad, hace posible ver los momentos más felices, aunque… también los más malos.
Estas palabras reflejan cómo era Ashley Brown, una muchacha demasiado joven, pero con un talento fascinante, lo cual la llevó a integrar las filas del FBI. No obstante, su ingenuidad e inocencia en el mundo romántico, pueden llevarla a caer en manos de la persona equivocada.
La oscuridad nos ciega, es imposible saber hacia dónde vamos, qué queremos, dónde estamos, nos opaca nuestros sentimientos, prevalece en ella el dolor, la tristeza y sobretodo, la malicia.
Dicen que cuando un amor está destinado, por mucho que intentes evitarlo, él llegará a ti. Quizás eso fue lo que le ocurrió a Christopher Jefferson, un chico de 21 años, que para su mala fortuna, lleva consigo ser hijo de uno de los criminales más peligrosos del país. Sin embargo, cuando su oscuro pasado amenaza en regresar, tendrá que demostrar sus sentimientos, dejar a un lado ese aire de frialdad en su mundo, luchar por lo que de verdad desea.
Pero… ¿podrá la luz hacer brillar a la oscuridad? ¿O tal vez la oscuridad ciegue a la luz? Aunque... también es posible que... ambos, uno y el otro, se hagan más fuertes estando juntos, ¿tanto como para ser capaces de superar mentiras, engaños, decepciones y muertes?
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