A Coque Brox, inspector y jefe del Grupo de Desaparecidos de la Policía Nacional en Barcelona, la vida lleva tiempo girándole la cara. La pérdida irreparable de su hijo de siete años le condenó al ostracismo familiar y a tener que compartir piso con un médico forense adicto a los juegos de rol on line. La historia arranca con la desaparición inexplicable del oficial de policía Palma, amigo y compañero de grupo. Fue una desaparición violenta en la que el propio Brox terminó con una herida craneoencefálica que transformó su escondido daltonismo en un diagnóstico de acromatopsia, o lo que es lo mismo, ver la vida en blanco y negro. Pese a ser apartado de esta investigación por el comisario Paco Palomares – con quien mantiene en toda la novela un tira y afloja que aporta cierta dosis de humor –, Brox seguirá con las pesquisas alejándose de la ley. Para ello contará con unos colaboradores tan peculiares como eficaces. Un hacker de más de 65 años llamado El Aspas, (ex trompetista de la Sala de Fiestas El Molino) capaz de lograr lo que no consiguen los mandamientos judiciales, y con el que intentará comprender qué tiene que ver un grupo organizado de corruptores de menores en Internet con la desaparición de Palma. O incluso los tejemanejes de Jalil, el intérprete de árabe de la Jefatura de Policía que lleva sobre su espalda todos los secretos del edificio y de las calles de la ciudad. La acción se desarrolla en el año 2005 durante los meses previos a que los Mossos d,Esquadra asuman las competencias policiales y releven con ello a la Policía Nacional en Cataluña.
Coque Brox luchará por recuperar el cariño de su hija, volverá a encapricharse de las curvas de una mujer – a pesar de verlas con piel de rata debido a su acromatopsia –, se las verá y deseará para mantener engañado a un suspicaz comisario que no le perderá el rastro, sufrirá de nuevo los intentos de suicidio de su exmujer, y sobretodo conocerá muy de cerca que es una ECM (experiencia cercana a la muerte). Pero lo que un descreído como él nunca imaginaría es que hay lugares sobrenaturales que albergan la verdad, aunque el camino que conduce a ellos todavía siga siendo un misterio. Y todo ello porque la vida nada sabe de la muerte.
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