Lo veo mientras camino por el litoral, muy cerca de la villa de Rinlo. Es un pequeño prado, sobrevolado por decenas de golondrinas y vencejos. Fascinado, salto el cercado y me siento sobre la hierba; los pájaros, sin inmutarse por mi presencia, hacen pasadas sobre mi cabeza, al alcance de mi mano. Están cazando las moscas que emprenden el vuelo desde las bostas de las vacas; sus picos suenan como tijeretazos de barbero. Puedo ver como, justo a mi lado, un insecto es atrapado en una centelleante
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