Amado, a mí ven ésta, la última vez que así te nombraré.
Amado de mi noche amado de mi espejo amado de mi senda:
háblame con tu corazón apáñame con tu mirada. Mi dermis nieve reviste con tu escarcha grana.
Hazlo sin minuteros y sin prudentes palabras. Dulce adiós modulemos con los labios del alma.
Antes de volver y perdernos en la niebla de los desmayos -de la aversión, del desafecto, del disimulo, de lo opulento- recreemos un beso nuestro: el último inmortal contacto.
Nuestros conexos univ
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