Ni siquiera desangrándote por todas tus heridas
podrías entender el dolor que siento al escribirte todos los días,
al recordarte,
y ahora me encuentro despidiéndome de mí vida, la que se fué con tu nostalgia, cuando tu ausencia llevaba versos directos a mi yugular,
y cuando tu mirada abrió mi corazón, sin anestesia,
dejándome morir en tus manos poco a poco,
para luego resucitarme con tus caricias,
con tus huellas digitales en cada centímetro de mi piel,
triste y dulce manera de morir, de
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