La toxicidad en el ser humano es algo inherente. Se contagia. Se adhiere a la piel. Se respira. El ser humano es un animal voraz, unas veces depredador… y otras presa. No existe ningún maniqueísmo en el hombre. Todos somos las dos caras de la moneda. Rodamos. Pasamos por la vida de los demás y los demás pasan por nuestras vidas en un ciclo interminable. Una ronda sin final, sí, pero que al final nos une. Y así, los personajes de esta obra naufragarán frente a los otros con un aullido lánguido, así como ellos vieron hundirse antes a otros ante sus ojos sin tenderles una mano salvadora.
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