Cuando el circo llegó a Pequeña Venezia, pensé que sería genial distraerme un poco de mi patética vida de universitaria, pero no creí que casi moriría frente a todos en ese acto, y mucho menos que me ofrecerían trabajar con ellos: no debí aceptar, debí quedarme con mi aburrida vida, pero quería una aventura, y esa sería una decisión de la que tal vez me arrepentiría toda mi vida... Porque el circo no era lo que decía ser.
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