El más hermoso de los sentimientos, en la soledad que la acompañaba, era su amor secreto basado en una leyenda lejana.
Ella había oído hablar de un joven muchacho que no entendía el Porqué ni el Cómo, pero hacía por descifrarlo.
Había olido sus rizos ondeando en el desierto y había sabido que él era el Espíritu del Viento.
En la noche lanzaba besos, poesías y viejas canciones; luego dormía soñando que se cumplían sus oraciones.
“Nadie puede atesorar al libre y errante Viento” Decía su madre
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