Mi mujer y yo nos dirigimos en avión a un lugar lejano e incierto. Ni yo ni mi alter ego onírico conocemos la ubicación del lugar de destino, pero nos da igual, pues marchamos con esa alegre inconsciencia de quien viaja a un lugar deseado.
Bajamos del avión y lo primero que vemos es una exposición de artistas plásticos. Paredes de granito rectangulares, más altas que anchas, y sujetas al suelo con tiras metálicas están expuestas en fila. En una de las caras se estampan obras de distintos artis
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