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10113 results found for tag:"prosa".
2308195087430
Resultó ser mudo
08/19/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/Desvi/sinamijuiningu.pdf sin, a mi juicio, ninguna necesidad habida cuenta de que el meollo de la cuestión que me llevó aquella tarde a aquella casa estaba a años luz de tener nada, absolutamente nada que ver con la mudez de ningún anciano venerable cuya única misión en mi mundo consistía en enseñarme a hacer barcos, o aviones, o pajaritas de papel. Pero lo era. Lo era y yo no iba a poder, ya en mi despacho del ministerio a la mañana siguiente y por más que buscara entre las explicaciones, dar con la satisfactoria que me eximiera de toda la responsabilidad de que deseaba, con ardor, verme liberado. Intente si sobre la marcha — y con mi mente y mi voluntad divididas entre un segundo ensayo del cielo y el infierno que quería enderezar a toda costa y el deseo de sentirme inocente — convencerme de que no había habido, en ningún caso y por mi parte, negligencia ni imprevisión ni arrebato; y decirme a mí mismo que semejante peculiaridad del señor Ramírez podía muy bien estar obedeciendo a uno de esos llamados por las gentes piadosas “designios del Altísimo” … – O a algún error de la naturaleza ― le explico ― que lo creó ya en el vientre mismo de su madre con la malformación que lo incapacitase para el habla ¿Comprendes? –Pero tú sabías, en el fondo de tu corazón ― replica, en tono que se me antoja cruel, duro, despiadado ― que aquella característica que hacía al señor Ramírez tan distinto del común de los mortales era obra sola y exclusivamente tuya; y que por más que hurgaras y revolvieses entre las explicaciones posibles no encontrarías ninguna que te dejase contento y con la conciencia tranquila. –¡Hay que fastidiarse! — Me duelo, aunque nada más sobre el papel porque, allí, sobre la marcha, sé que fui bastante más espontaneo y que lo que dije fue joderse — ¡Para darme esos ánimos no valía la pena que accedieses a ayudarme! – Accedí, no trates de confundirme ni liarme — protesta ― a cancelar una cita muy importante; pero ayudarte ya te advertí que no podría. – ¿Cómo no vas a poder? Lo has hecho cientos de veces. – ¿Ayudarte? – No; ayudarme, no… – ¡Así que ahora va a resultar que en tantos años de amistad no he hecho nunca, jamás, nada por ti! – Tampoco he dicho eso. No seas cínico. – ¿Cínico yo? – Y me mira con los ojos muy abiertos, muy brillantes. – Si: tú. Un cínico que tergiversa mis palabras, y las manipula, y las… – Ah — su mirada, radiante por un momento, se ensombrece —: uno de esos cínicos… – Uno de esos, sí; ¿a qué viene si no ese tu hacerte el tonto; ese no querer darme una pauta, una pista de su porqué? – Bueno — se encoge de hombros, resignado —, creo que se trata de una actitud, una forma de entender y de encarar la vida… – ¿Ves como sí que puedes? — le interrumpo ― ¿Te das cuenta de cómo sí puedes ayudarme si quieres? – ¡Pero si mis nociones de filosofía son muy vagas! – Puede ― admito ―, pero aun así los has sabido encarar. Yo, en cambio… – ¿Encararlos? – Afrontarlos, seguirles la pista… – Soy bastante menos intelectual de lo que tú imaginas; apenas tengo una remota idea de que tienen algo que ver, y de manera creo un tanto indirecta, con Sócrates. – ¿Con Sócrates? – Con uno de sus discípulos. Un tal Antístenes, me parece; pero no vayas a hacerme mucho caso. – Pues me dejas de una pieza. – Pero así son las cosas ― alza los hombros y vuelve a dejarlos caer, con gesto de abatimiento ― ¿Qué te creías? – No; nada en concreto. Pero supuse que… tal vez como miraban la televisión; y aquel repartidor de pizzas… ¿Te acuerdas? – ¿Televisión y pizzas en el siglo cuarto antes de Cristo? – ¡Pues por eso! Parecían tan de ahora mismo, con su bufanda, aquella señora; y la otra, la del abanico. Y aquel individuo, Anselmo, con su móvil… – Oye… ¿Estamos ― a ver si es que estoy yo, dice, que hoy no me centro o algo ― hablando, los dos, de los cínicos? – Pues estaremos… ¡yo qué sé! – ¿Cómo que tú qué sabes? – Como que qué sé yo… ¿Qué quieres que te diga? Además: la idea fue tuya… – ¿Mía la idea estúpida de que tú me telefonearas? – No ― le digo ―; esa, no. – ¿Mía la de que tu estuvieras confuso y angustiado? – Esa tampoco. – ¿Mía la de cancelar una cita con la que estaba tan ilusionado? – ¿Una cita; de veras?... Versaciones
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2308195087119
Resultó ser mudo
08/19/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/S/sinamijuicioninguna.pdf sin, a su juicio — dice —, ninguna necesidad habida cuenta de que el meollo de la cuestión que me llevó aquella tarde a aquella casa estaba a años luz de tener nada, absolutamente nada que ver con la mudez de ningún anciano venerable cuya única misión en mi mundo consistiera en enseñarme a hacer barcos, o aviones, o pajaritas de papel que, sí, no tiene inconveniente en admitir que me permitieron ― la grulla, sobre todo; y un sombrero samurái que nos dio bastante de qué hablar. Y un pingüino que tampoco se quedó a la zaga ― salir de más de un atasco pero, permíteme señalarlo también, dice, no de la manera brillante que tú hubieses debido fervientemente desear si no te hubieras tomado tan a la ligera, tan poco en serio, lo que, tal vez influenciado por tu madre (que por Lola no creo, tanto más proclive, pese a tener sus cosillas, ya lo sabemos, y ciertos pesares muy suyos y muy propios que todavía no sabes si algún día se animará a desvelar más allá de ciertas ambigüedades dejadas caer aquí o allá, a ser positiva), consideraste no sería jamás una profesión que te fuese a dar ni fama ni dinero. ‒ ¿Cómo pude estar tan ciego? − Pues porque no te fijas — mi madre. Y que objetivamente, y con sólo haber prestado un poquito de atención, me habría dado cuenta de que saltaba a la vista que me hubiese venido infinitamente mejor estar sordo. − Pues ahí — dice mi amigo — lo tuviste a huevo para contestarle que cómo iba a saltarte nada si estabas ciego. Pero a mí no se me ocurrió. Y pensé rematar este folio con mi madre diciéndome porque estarías sordo, que te lo dije bien alto. Y yo contestándole pues tú dijiste que me convenía. Pero como Lola me dijo que quedaba más bonito sin el remate lo tache.
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2308195086501
Elaboración de masa de hojaldre
08/19/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/elabordem.pdf que le dije que le agradecía, pero que me parecía un trabajo superfluo porque yo me arreglo con cualquier cosita y con un huevo frito con patatas me quedo tan contento, y que masa de hojaldre para volovanes, pues para qué… – ¿Para qué, Lola, masa de hojaldre para volovanes? – Pues para hacer volovanes para rellenarlos de crema de gambas para rellenar volovanes; que también tengo que hacerla. Y echó una ojeada a su reloj y, en tono apremiante, a mí que dejara de importunarla con tontadas y fuese poniendo la mesa. – No necesito mesa — respondí —; sabe perfectamente que siempre que como en casa lo hago en la bandeja del Derby de Epsom. Y hoy, que apenas tengo hambre porque si no he ido al ministerio es porque tengo gripe… – Para cuatro — indicó. – ¿Qué cuatro? – Pues usted, su madre, su tía y el capitán. – ¿El capitán? – Sí — ella —, y no me quiera confundir. Hoy no ha ido al ministerio porque es sábado. Y su salud perfecta. Y la comida es especial, un poquito de ceremonia como si dijéramos, así que haga el favor de irse arreglando. – ¿Para celebrar que es sábado y mi salud perfecta? – Para recibir a sus invitados. No sea ganso. – ¿Me pongo el chaqué? — Pregunté con un punto de ironía. – No hace falta exagerar. Pero uno de los trajes buenos, y una corbata bonita, y los gemelos de su tía Luisa que, por cierto, se va a sentir un poquito dolida de no haber sido invitada para ocasión tan señalada… – ¿Y cuál es entonces la que viene? – Pues la del capitán ¿O es que no termino de decírselo? – Y dale con el capitán, Lola ¿De qué capitán habla? – Pues del barco ¿De qué capitán va a ser? – No sé de ningún barco, Lola, ni de ningún capitán… ¿Ha consultado su agenda; está segura de que hoy no es martes y que no tendría que estar en cualquiera de sus otras casas? – No es martes — replicó terca, abriendo el horno —, y donde tengo que estar es exactamente en esta cocina porque usted mi pidió por favor, eso sí fue el martes, que viniera a preparar la comida por lo de… ya sabe, y me figuro que no tendré que ser yo quien lo ponga a usted al corriente de sus acontecimientos familiares, pero, si usted se empeña… – Me empeño. – Bien, pues se lo cuento. Aunque es usted un poquito exasperante — ahora debía de estar haciendo la crema, de gambas, y apretaba botones en la batidora — ¿O me va a decir que yo me he inventado lo de la (…)? – ¿La qué? – ¿Decía? — ella, parando la batidora. – Que se ha inventado, con el ruido de ese chisme no he podido entenderla, no sé qué… – Es justo lo que le estoy diciendo — apretó otra vez el botón y alzó la voz — ¡que no me lo he inventado! Y la volvió a parar. – No, si eso ya — yo — Pero que lo de la qué. Quiero decir. – Vamos a ver — ahora sacaba con una espátula la crema de la batidora y, con mucha pulcritud, la iba poniendo en un recipiente de cristal —; su tía, ¿no estaba de viaje? – Por las islas griegas, sí. – ¿Y en qué medio de trasporte viajaba? – Pues, si era un crucero, en un barco… ¿Voy bien? – Estupendamente — colocó el recipiente con la salsa en la nevera, y la cerró. Y haciendo girar su muñeca estiró el índice y, señalando donde el dedo al buen tuntún quiso apuntar, agregó —: Pues de ese barco, de ese barco precisamente es capitán de navío el capitán de navío que viene a pedir la mano de su tía… ¿lo ha entendido? – ¿La mano de mi tía? – Eso es — Y se chupó el dedo de salsa. Y se lavó las manos al grifo. – ¡Pero si mi tía es un callo! –Chist — Terminó de secarse las manos y se llevó el índice a los labios y, en voz baja — ¿O quiere que lo oiga Indalecio? – ¿Qué, que va a chivárselo? – Pues por qué no, con lo listo que es y tanto como habla. Y que ahora, entiéndase quiero decir “entonces” porque “ahora” yo estoy en otra parte y en otra historia y a saber dónde estará Lola, la disculpase — dijo, sin marcar más pausa que el punto (.) y tirando de la lazada de su delantal — pero tenía que marcharse. – ¿Sin haber terminado los volovanes? – El libro que está escribiendo no es de cocina — Respondió alzando la voz, que me llegó desde el pasillo mezclada con el repiquetear de sus tacones. Y, antes de que la puerta de calle se cerrase a su espalda (tuve que imaginar, porque no la veía), agregó que el resto era asunto mío. Pero no me preocupé — escribo —porque pensé que aquello era tan sólo otro fundido en negro, de esos que gustaba utilizar mi amigo y que ya había empleado la tarde en que, en la cafetería, Manolita se puso muy nerviosa porque un tipo musculoso amenazó con liarse a tiros si no aparecía de inmediato un abridor. – ¿Y qué pasó con él? — Mi madre, que hoy no se ha conformado con leer por encima de mi hombro sino que ha echado mano tan resuelta a los cuatro folios que llevo escritos y, tras leerlos bisbiseando (que no sé para qué hago una aclaración tan innecesaria cuando... Versaciones
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2308195085917
Pensé que estaba contento
08/19/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/deprimido.pdf Pero cuando muy pocos días después volvimos a vernos lo encontré deprimido. – ¿Qué te pasa? ― le dije, cerrando la carpeta y dejándola a un lado. – Nada ― repuso ― ¿Qué quieres que me pase? – Nada… – ¡Pues a ver si es verdad! ― contestó, con un algo de sarcasmo y pidiendo “a ver esos malditos folios” que hoy, dijo, tengo poco tiempo que perder. – No ― y para reforzar mi negativa, recuerdo, coloqué sobre la carpeta el paquete de tabaco y el mechero ―; si no estás de humor será mej… – ¿Vas a empezar de nuevo? ― inquirió. Y parecía francamente molesto. – No. Bueno… ― titubeé ―; quiero decir “no sé”. Mi intención era seguir porque, como la otra tarde parecías satisfech… – ¿Y cuánto puede importar eso? – Pues mucho. Después de todo tú eres el escritor, el que sabe de esto; y yo había pensado que si estabas content… – ¡Y dale conmigo! – Vale, vale… Hoy no estás de humor; es por eso que… – ¿Te querrás olvidar de mi humor? ― inquiere ― ¿Te podrás olvidar de mi jodido humor y entrar en materia de una maldita vez y en serio? – Sí, pero otro día; otro día que te encuentres en mejor predisposi… – ¡A mi predisposición que la zurzan! ¿Te enteras? – De acuerdo… – “De acuerdo”, no ― rebate ―. Lo dices con desgana, sin entusiasmo, sin prestar atención a lo que si de verdad estás dispuesto a colaborar debe ocuparte… – ¡“Si de verdad estas dispuesto a colaborar”! ― y me siento dolido, casi menospreciado ― Sabes de sobra, y a la vista está ― aparto el tabaco y el mechero; abro la carpeta y doy un palmetazo sobre los folios ― que estoy poniendo toda mi mejor voluntad en esto… – No, si sí ― admite, aunque como que a regañadientes ―; buenísima a lo mejor lo es, pero tan débil, tan irresoluta, tan huidiza y timorata… – ¡Hiriente! ― lo corto, cerrando la carpeta de nuevo y volviendo a poner sobre ella el tabaco y el mechero ― Hiriente y ofensivo, estás también. No contesta. Se queda un rato en silencio, con la cabeza entre las manos. Luego se endereza, pide a la camarera un café “por favor doble”, tabalea sobre el tablero, infla los carrillos y sopla emitiendo una especie de brrr o algo así, se rasca la frente y dice verás… – Verás… ― dice. Pero se para para, entornando un ojo, preguntar si voy a ser capaz de comprenderlo. Le contesto que lo intentaré y él dice de acuerdo y que pues entonces deje de marear la perdiz, y de ocuparme de él garabateando si está de tal humor o de tal otro, y de poner en su boca cosas que él me ha dicho que ― le parece a él y si no, me sugiere, tómate la molestia de pararte a pensarlas un poco y que ya veré cómo chirrían ― quedarían bastante mejor si me las llamase yo mismo. – ¿Como qué, por ejemplo? ― le pregunto. – Como que eres un escritor de mierda ― dice. – ¿Ah; si? – Si: “Un escritor de mierda”, dije. – Vale; ya me he enterado… ¿Y? – Pues que no me gusta… – ¿Y qué es lo que quieres que yo haga? Se encoge de hombros y dice que él qué sabe; que si es que me lo tiene que dar todo resuelto y masticado; y que piense algo, una formula ----- Que tiempo de sobra tendré por las mañanas, en el ministerio, sin otra cosa que me pueda distraer mas que “tus aburridos expedientes” – dice ―, de discurrir un diálogo con el que plasmar negro sobre blanco “si es que te quieres mantener en la idea de que discutamos por tal o por cual nombre para Camelia” nuestros desacuerdos. Pero que con uno o con otro lo que...
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2308195085801
Ateniéndose al planteamiento
08/19/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/alicia/ateniendose.pdf Versaciones de un chupaplumas Ateniéndose al planteamiento y que, en consideración al propio planteamiento, yo no debería haber en absoluto comprendido o, por lo menos, haberlo comprendido lo suficientemente mal como para que él tuviera que explicármelo y, yo, bajo el pretexto de estar atento a sus palabras, aprovechar la ocasión para soltar el bolígrafo y olvidarme — o sólo simular olvidar aunque lo hiciera un poco de cualquier manera, porque si total no iba a escribirlo parecía pérdida de tiempo el demorarse en elaborar un olvido en condiciones y bien secuenciado — del manuscrito, y del bocadillo de las once e, incluso, de Camelia o, en su defecto, de la mismísima Sonia por más esperanzas que yo, o quizás mi amigo (pero eso ya lo concretaríamos en otro momento y en función de cuál de los dos fuese capaz de elaborarla mejor, más convincente y con una fisonomía que se adecuase mejor a su condición de esposa, y madre, y nuera, claro, y quien sabe si hasta, llegado el caso, hermana, o hermanastra, o cuñada si se daba la circunstancia de que, puestos a investigar en antecedentes familiares o en árboles genealógicos, viniese a resultar que Ramírez no fuese hijo único) tuviésemos depositadas en ella y en su, como ella la llamó en cierta ocasión, destartaladísima vida que, en buena lógica, hubiera sido lo más natural del mundo no comprender, pero que, por alguna estúpida razón — me explica Lola mientras cierra la olla exprés — o porque me pillase cansado y sin reflejos para reaccionar, comprendí absurda e imperdonablemente bien. Aunque, un poco molesta, me explica también que, en lo sucesivo, lleve cuidado de comprender yo mismo mis propios motivos para comprender las cosas, sobre todo si las comprendo bien, porque ella no puede estar en todo y, por mi culpa, se le ha olvidado poner la hoja de laurel a las lentejas. Yo le explico a ella pero, Lola, lo que usted termina de poner en la olla exprés es flan casero de dulce de leche. Y ella contesta que pues entonces menos mal; porque si hubiese llegado a ser cocido madrileño se le habría, también por mi culpa, olvidado también. Nota de Valentina Luján: Este archivo podría ser un modelo de algarabía a dos voces. versaciones
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2308185082551
Muy mal, por cierto
08/18/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/P/pero.pdf pero, como luego explicase el señor Ramírez, era comprensible y había que disculparme porque, argumentó, cuando uno se obceca y se empeña y se empecina en dar por bueno que aquello que uno piensa es como lo está viendo o viceversa se ve expuesto a, aun sin quererlo ni desearlo, caer cuando menos en engaños que cobran carta de naturaleza sin el menor fundamento. ----------------- y cuando más en falacias si bien el término “falacia” podía estar pecando de excesivo y, por eso, el abuelo quiso que el chico lo borrara pero no supo y tuvimos que elegir entre desandar un trecho o dejar las cosas como estaban sin prestar oídos a que la sugerencia que habría podido ofrecerse a hacer la vecina de al lado, que habiendo venido casualmente en mitad de la polémica a pedir una tacita de harina para hacer un bizcocho no estaría de más el suponer que deseara corresponder brindando su ayuda, apuntaba al hecho de que podíamos sustituirlo sencillamente por “mentira”, término mucho menos drástico según ella con el que, sin embargo, no estaríamos faltando a la verdad pero sí sorteando un escollo que a saber quién podría ser el desdichado al que cayera en suerte el verse obligado a esgrimir ante los ojos atónitos de sus asombrados ascendientes – si el azar se decantaba por sonreír a los más jóvenes – o frente a las narices de sus – caso de que el albur se inclinase por favorecer a los más viejos – estupefactos descendientes. Ofrecimiento que podría ser bien acogido por Ramírez y por sus padres y los niños pero rechazado de plano por la madre (de estos) aduciendo que ella quedaba en desventaja no teniendo a sus propios ascendientes a mano porque “entiéndame, dona Isidora – le diría en un aparte en la cocina – yo a mis suegros los quiero y los respeto, sí, pero no es lo mismo”. Pero mi amigo, cuando se lo comentase, se mostraría reticente a tal eventualidad argumentando que la vecina podía no venir (o, bueno, “ir”) en son de paz o pidiendo favores con muy buenas maneras y tono compungido sino, muy por el contrario, hecha un verdadero basilisco – porque ella (la señora de Ramírez hijo) hubiese cometido la falta imperdonable de tender la ropa de color sin centrifugar y ella (la vecina, pero no de al lado sino del piso de abajo) “mire, desteñido de rojo y echado por completo a perder el vestido blanco de organdí de la niña” – indicando, una vez que se le pasara el acceso de ira “porque en realidad ya no se lo ponía porque con el estirón después de las anginas del invierno pasado le quedaba pequeño”, que se podía ser un poquito más flexible (y doña Isidora parece que lo era) y optar por una tercera vía consistente en hacer dos grupos, y que uno de los grupos se pusiera en camino para desandar y el otro se quedase para dejar las cosas como estaban. Y como entendí que mi amigo no pondría objeción alguna a una solución tan razonable opté por adherirme a esta propuesta y ofrecerme, si es que mi presencia se consideraba conveniente, a formar parte de uno de los grupos. Versaciones
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2308185082452
Muy mal, por cierto
08/18/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/pero.pdf pero, como luego explicase el señor Ramírez , era comprensible y había que disculparme porque, argumentó, cuando uno se obceca y se empeña y se empecina en dar por bueno (“o por malo, en este caso”, quiso puntualizar pero, ya digo, al mocoso se le daban las pajaritas de perlas pero en lectura iba muy retrasado) que aquello que uno piensa es como lo está viendo o viceversa se ve expuesto a, aun sin quererlo ni desearlo, caer cuando menos en engaños que cobran carta de naturaleza sin el menor fundamento. -------------- por señas y con muy buen criterio aunque con una traducción desastrosa porque la abuela se empeñó en que la hiciera el nieto pequeño para que se fuera soltando y se equivocó el muy cabrón cincuenta veces. y cuando más en falacias si bien ― y dado que lo piadoso era admitir o reconocer que no era el caso porque intento de dañar no lo hubo en ningún momento, o se carecía (que él supiese, y lo quiso dejar muy bien sentado) de pruebas fehacientes e irrefutables ― el término “falacia” podía estar pecando de excesivo y, por eso, el abuelo quiso que el chico lo borrara pero no supo y tuvimos ( o “tuvieron”, porque si es cierto que me invitaron a participar en la votación no es menos verdad que me excuse so pretexto de que prefería permanecer al margen y no inmiscuirme en asuntos familiares tan delicados siempre y más, como era el caso, habiendo niños de por medio) que elegir entre desandar un trecho o dejar las cosas como estaban sin prestar oídos a que la sugerencia que (por qué no) habría podido ofrecerse a hacer la vecina de al lado, que habiendo venido (o, bueno, “ido”) casualmente en mitad de la polémica a pedir una tacita de harina para hacer un bizcocho no estaría de más el suponer que deseara corresponder brindando su ayuda, apuntaba al hecho de que podíamos sustituirlo sencillamente por “mentira”, término mucho menos drástico según ella con el que, sin embargo, no estaríamos faltando a la verdad pero sí sorteando un escollo que a saber quién podría ser el desdichado al que cayera en suerte el verse obligado a esgrimir ante los ojos atónitos de sus asombrados ascendientes – si el azar se decantaba por sonreír a los más jóvenes – o frente a las narices de sus – caso de que el albur se inclinase por favorecer a los más viejos – estupefactos descendientes. Ofrecimiento que podría ser bien acogido por Ramírez y por sus padres y los niños, pero rechazado de plano por la madre (de estos) aduciendo que ella quedaba en desventaja no teniendo a sus propios ascendientes a mano porque “entiéndame, doña Isidora – le diría en un aparte en la cocina – yo a mis suegros los quiero y los respeto, sí, pero no es lo mismo”. Pero mi amigo, cuando se lo comentase, se mostraría reticente a tal eventualidad argumentando que la vecina – si es que en verdad era “vecina” y no un repartidor de guías telefónicas o empleado de alguna empresa suministradora de energía que pretendiera tan solo leer el contador del gas (en cuyo caso no quedaría justificado el que se sintiera en la obligación de corresponder) – podía no venir (o, bueno, “ir”) en son de paz o pidiendo favores con muy buenas maneras y tono compungido porque “me doy cuenta perfectamente de que estoy abusando de su amabilidad, Sonia (pues ella me había informado previamente, creo recordar, de que podía llamarla Sonia), pero después de haber prometido a mi nieto que mañana le daría bizcocho para desayunar” resultó que..., en fin, un largo etcétera de inconvenientes quién sabe si no del todo falsos o por lo menos inventados en parte sino, muy por el contrario, hecha un verdadero basilisco – porque ella (la señora de Ramírez hijo) hubiese cometido la falta imperdonable de tender la ropa de color sin centrifugar y ella (la vecina, pero no de al lado sino del piso de abajo) “mire, desteñido de rojo y echado por completo a perder el vestido blanco de organdí de la niña” – indicando, una vez que se le pasara el acceso de ira “porque en realidad ya no se lo ponía porque con el estirón después de las anginas del invierno pasado le quedaba pequeño”, que se podía ser un poquito más flexible (y doña Isidora parece que lo era) y optar por una tercera vía consistente en hacer dos grupos, y que uno de los grupos se pusiera en camino para desandar y el otro se quedase para dejar las cosas como estaban. Y como entendí que mi amigo, al que tuve siempre por persona ponderada... Versaciones
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2308175077185
En el cajón de la mesilla de un caballero
08/17/2023
Lola
https://valentina-lujan.es/alicia/solteroporqueusted.pdf soltero porque usted, rectifíqueme en uno de esos papelitos adhesivos amarillos que pegamos en la nevera ― pero no lo pegue en la nevera, que como el último día le dejé mucha comida lo mismo ni necesito entrar en la cocina, y de anoche no habrá ningún cacharro en el fregadero porque regresó a altas horas y, malhumorado porque se le había dado fatal la tarde , se metió directamente en la habitación ― si miento, es soltero; que menos mal que me equivoqué de día que lo confundí (bueno yo, me) con esa señora joven de la cafetería que fue madre hace poco de una criatura y que se llama como Indalecio ― aunque eso no se lo voy a asegurar como siempre dudo entre los sexos del uno y de la otra pero usted sí sabrá ― y, cuando llegué, justo después de colocar el agua y el alpiste (que por eso le digo que menos mal) me di cuenta y salí pitando porque ella (Indalecio por tanto no es el hámster) me había llamado desde el trabajo porque la había telefoneado su marido desde el suyo diciendo que iba a retrasarse en la guardia y, ella, que no se me olvidara darle el biberón como usted, le iba diciendo, se encerró en la habitación y se puso a hablar con Dios que, usted se acordará, le dio recuerdos para su madre y no pudo, de ninguna manera, ser por teléfono porque usted teléfono en el dormitorio no tiene aunque, retomando el asunto, a mí me parece que es un error y seduciría mejor al lector si fuese divorciado ― y no, no piense usted mal, porque a mí no me gusten los hombres casados sino porque entonces lo de la horquilla pierde encanto ― pero por más que he repasado su biografía remontándome incluso a los tiempos del colegio no he encontrado más que a una tal Camelia que, por cierto, usted, porque fue usted aunque quiso engañar a todo el mundo echando la culpa a su amigo, usted la mató (que quedaría muy bien) pero, que también lo he repasado, como no fue un crimen pasional no serviría. Nota: Casilla de la oca no pongo ninguna, que mejor no ponerlas porque como no sé si debo llevar el criterio de ir pasito a pasito o el de tirar el dado no sé cuál toca. Si lo sabe usted ya me dirá y volveré para arreglarlo, que para que no se me olvide coloco el hueco… Tampoco sé dónde dejé el plato de ducha, si lo encuentra usted déjeme por favor una nota en la nevera. Versaciones
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2308175077086
Dejar las cosas como estaban
08/17/2023
Lola
http://valentina-lujan.es/alicia/dejarlascos.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hizo retrocediendo, regresando ― mientras el señor Ramírez tomaba la merienda que su esposa le sirvió en una bandejita ─ al Cofee Shop de sus desdichas y tan infausto recuerdo donde creyó, le pareció, verla con sus botas con vueltas de piel dejando, no por olvido como entonces el paraguas ella sino inocentemente y en la seguridad de que a la vuelta se lo encontraría todo tal y como quedaba, la carpeta con los papeles abierta sobre la mesa y expuesto ─ el hecho ─ con toda la ingenuidad y absoluta falta de doblez con que se muestra. Había considerado la eventualidad de que aconteciese, porque por qué no, alguno de esos accidentes ─ o incidentes, mejor, habida cuenta de que ni esperó ni deseó en ningún momento que la situación tuviera ni mucho menos que llegar a ser calificada de “crítica” o “extrema” ─ domésticos que fuerzan a que la atención del observador se desvíe y, ahí, en ese pequeño revuelo de forcejeos o desviaciones entre si el café con leche lo derramó sin querer el abuelo o adrede ─ y porque usted (“yo” si elige seguir en primera persona, aunque me permito advertirle de que utilizar la tercera le daría más posibilidades porque permite estar en varios sitios a la vez, parecido a Dios, que puede ver hasta los pensamientos de sus criaturas en tanto que la primera no y, si habla de qué piensa alguien podrá el lector siempre pensar que son suspicacias, pero bueno usted verá) no le fuera simpático o tuviese ganas de hacer enfadar a la abuela, por chinchar, simplemente ─ el menor de los nietos, aprovechar la coartada para alegar ante su amigo que qué lástima pero y mira que lo lamento en el alma los papeles habían quedado del todo ilegibles... Pero, en fin, nada más es una sugerencia que usted podrá tomar en cuenta o no entendiendo ― si es que lo entiende ― que siendo yo ajena al mundo literario mi punto de vista puede estar menos influenciado por normas y corrientes de esas qué ustedes los escritores respetan atendiendo a qué pueda ser más comercial y venderse mejor. P.D. Como me ha sobrado tiempo y eso que he probado con un cuchillo y con una aguja de punto y con una horquilla que he encontrado en el cajón de su mesilla de noche , pero no ha habido manera, aunque sí que he podido abrir el segundo pero por aquello del amor propio y aprovechar la horquilla aguja de punto pero para nada porque ahí de su proyecto no hay más que unas bolsas con semillas que, por cierto, para Manolita pueden estar bien, pero si Indalecio es australiano quizás fuese mejor pienso extrusionado para él. Sobrado tiempo a pesar del que perdí buscando en el recipiente rosa de la tercera balda he dejado pollo al curry que, no se equivoque también en esto, es una receta de un cocinero muy famoso Adriano no sé qué y lo que parece curry es el pollo y lo que parece pollo es el curry, pero qué hacía yo con tanto tiempo, ¿eh? Ponga más cuidado en dónde pone las cosas la próxima vez. ---- “Será sólo un momento” - recuerda que dijo esbozando una sonrisa tímida, como si se excusara; y, a él: Anda, tómatela. Para decirlo todo y que no pueda caber ni aun al más avieso de los lectores la sospecha de que estuviese acariciando la posibilidad de tenderle cualquier tipo de trampa. Porque cuando se entra en polémica y en achacarse culpa unos a otros se termina con una facilidad prodigiosa – que a usted le podía beneficiar, y por eso lo maquinó así – por perder el norte. Que también lo pensó, que como usted es suspicaz y desconfiado no quedaría mal. Y no es que quiera yo dar a entender que es que sea usted torpe, entiéndame, sino entendiendo yo misma que usted lo pueda entender de otra manera.... Versaciones
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2308175077055
Dejando, no por olvido
08/17/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/dejando.pdf no por olvido como entonces el paraguas ella sino inocentemente y en la seguridad de que a la vuelta me lo encontraría todo tal y como quedaba, la carpeta con los papeles abierta sobre la mesa y expuesto ─ el hecho ─ con toda la ingenuidad y absoluta falta de doblez con que se muestra. Yo había considerado la eventualidad de que aconteciese, porque por qué no, alguno de esos accidentes ─ o incidentes, mejor, habida cuenta de que ni esperé ni deseé en ningún momento que la situación tuviera ni mucho menos que, una vez dejada de lado la peregrina idea de que aquella esbelta y temperamental mujer del pelo largo hubiese hecho su aparición con el oscuro propósito de organizar un escándalo sacando a relucir que alguno de los Ramírez hubiese sido alguna vez su amante, llegar a ser calificada de “crítica” o “extrema” ─ domésticos que (ya por la ruptura de la inercia que por sí mismos y pese a su tan frecuentemente extrema pequeñez acarrean, ya porque como suele suceder en tales casos se enzarzara la familia en una discusión dirimiendo quién de entre todos los presentes había sido el culpable) fuerzan a que la atención del observador se desvíe y, ahí, en ese pequeño revuelo de forcejeos o desviaciones entre si el café con leche lo derramó sin querer el abuelo o adrede ─ y porque yo no le fuera simpático o tuviese ganas de hacer enfadar a la abuela, por chinchar, simplemente ─ el menor de los nietos, aprovechar yo la coartada para alegar ante mi amigo que qué lástima pero y mira que lo lamento en el alma los papeles habían quedado del todo ilegibles... Pero ahora, con el nuevo giro que el percance del edredón daba a la historia, el chiquillo (poniéndose ya la trenca y el gorro y la bufanda para ponernos en camino) quedaba incapacitado para la acción a la que yo lo tenía destinado y los folios, en consecuencia, intactos y perfectamente legibles pero del todo inutilizables y, todo ello, todo el enorme desaguisado, por culpa de una vecina que irrumpió, sin haber sido invitada y metiéndose en lo que no era de su incumbencia, en el ambiente apacible y tranquilo del cuartito de estar (con sus cortinas de cretona floreadas) del piso (tercero sin ascenso) de los Ramírez. Mi amigo dice entonces que es que esa no es una forma sensata de proceder porque, si la del edredón que chorreaba no era la desenvuelta del pelo largo, el detalle de las cortinas de cretona se puede eliminar e, incluso, al bloque de edificio en que moran los Ramírez se le puede poner ascensor (a lo mejor hasta de subida y bajada); y que, en tal caso, el niño pequeño se quedaría en casa, es más, nos quedaríamos todos en casa y todos, en consecuencia, perfectamente capacitados para ― la frase siguiente la pronuncia mi amigo con evidente amargura ― “echar a perder los putos folios, que parece que estuvieras obsesionado por cargártelos”. Y que “¡joder!”; dice también. Versaciones
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http://valentina-lujan.es/alicia/debiaenten.pdf Inquirí, llevado de mi recién descubierto (con perplejidad, pues pensaba yo a aquellas alturas de mi vida que ya nada me podría hacer latir de curiosidad) deseo insaciable de aprender a bucear en las profundidades del alma humana por si, llegado el caso, me decantaba por la novela psicológica al estilo de Crimen y Castigo o de Rojo y Negro o, bastante más corta — porque el sólo pensar en tantísimas páginas me producía picores por todo el cuerpo y unas ganas enormes de levantarme e ir a beber agua, o a regar los tiestos, o hacer cualquier cosa con tal de remolonear y demorar el enfrentarme a una tarea tan ardua —, el Túnel de Sábato. − Y, eso — Lola, que aparece dibujando arabescos en el aire con el cuchillo que trae en la mano —, ¿a quién se lo está usted contando? Y no le contesto de inmediato porque lo estoy pensando. − ¿Lo está pensando? − Sí. No sé qué me conviene. − ¿Qué, le conviene o no lo conviene? − Qué contestarle. − Eso parece, miré — y se sienta, con su patata y su cuchillo tan afilado, tan de patatas, en la silla que me queda enfrente y jamás ha utilizado nadie —, razonable. Y, añade, mientras va enrollándose sobre el delantal, en su regazo, la serpentina de las peladuras que, qué habilidad, pienso, que tan finita no se le rompe, que es importante… − Importante porque… Ahora vengo, que voy a por más — y se pone de pie, y con el índice y el pulgar de su mano derecha, el mango del cuchillo encerrado en su puño, sujeta un extremo de la serpentina que se estira, como un muelle y, al compás de sus pasos, podría tanto decirse que tiembla como que baila y dependiendo, claro, considero, mientras Lola vuelve, de si está asustada o está contenta… − ¡Qué tontería se piensan! Y, debe de ser porque sin pensar lo he dicho en alto, ella, de regreso, dice que no. − No es ninguna tontería — y se aplica a una segunda patata —. Piénselo un poquito. − Lo he pensado; por eso sé que es una tontería sin el menor valor literario. − Literario, lo que pueda llamarse propiamente literario — ella, con tres patatas más, y grandecitas, en el halda —, puede que sí. Pero…, en lenguaje hablado, ¿le diría usted a alguien, en una conversación corriente, a mí misma, por ejemplo, aquí sentada pelando patatas, algo tan… íntimo, digamos? − ¿Intimo? Lola, por favor, no exagere… ¡Intimo lo que estaba siendo tan solo una reflexión, absurda, tal vez; una metáfora o alegoría o… −No, si bueno, si sí — o ella pela muy deprisa o yo escribo muy despacio; está, aunque Dios me libre de mencionar serpentinas, en la cuarta patata —; que lo de las profundidades del alma humana y las alturas de la vida, e incluso lo del deseo insaciable de aprender puede quedar bien, sobre todo si es sobre el papel. Pero, que es por lo que le decía que yo misma, por ejemplo, que no he leído ni sé de qué van ni el crimen ni el castillo ni el rojo ni el negro ni ese túnel, tan cortito, por lo visto… ¿No quedaría pedante que…? Y a mí puede no importarme, le advierto; pero hay personas muy sensibles, o muy susceptible, o muy quisquillosas, que podrían sentirse heridas, humilladas, pensando que las quiere apabullar. − Y con las serpentinas, entonces, ¿qué hago? − Yo las encuentro graciosillas, tan saltarinas. Déjelas. Pero que el castillo lo corrija antes de pasarlo a limpio, que ese es de Kafka y yo puedo no saberlo pero usted no. Dice. Pero que, pero otra vez, pero es lo que hay cuando se habla en lenguaje coloquial y sin pensar, no sabe — mirándome con ojos de reproche, como si la culpa la tuviese yo — qué hacer con tanta patata. Versaciones
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2308165072565
Cuando menos en engaños y cuando más en falacias
08/16/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/C/cuamenga.pdf y cuando más en falacias si bien el término “falacia” podía estar pecando de excesivo y, por eso, el abuelo quiso que el chico lo borrara pero no supo y tuvimos que elegir entre desandar un trecho o dejar las cosas como estaban sin prestar oídos a que la sugerencia que habría podido ofrecerse a hacer la vecina de al lado — que, habiéndose presentado casualmente en mitad de la polémica a pedir una tacita de harina para hacer un bizcocho, no estaría de más el suponer que deseara corresponder brindando su ayuda — apuntando al hecho de que podíamos sustituirlo sencillamente por “mentira”, término mucho menos drástico según ella con el que, sin embargo, no estaríamos faltando a la verdad pero sí sorteando un escollo que a saber quién podría ser el desdichado al que cayera en suerte el verse obligado a esgrimir ante los ojos atónitos de sus asombrados ascendientes – si el azar se decantaba por sonreír a los más jóvenes – o frente a las narices de sus – caso de que el albur se inclinase por favorecer a los más viejos – estupefactos descendientes. Ofrecimiento que hubiese podido ser bien acogido por Ramírez y por sus padres y los niños, pero rechazado de plano por la madre (de estos) aduciendo que ella quedaba en desventaja no teniendo a sus propios ascendientes a mano porque “entiéndame, doña Isidora – le diría en un aparte en la cocina – yo a mis suegros los quiero y los respeto, sí, pero no es lo mismo”. Pero no hubo caso porque la vecina no se ofreció; pidió con mucha educación la harina (la tacita ya la traía ella, explicando que esa era justo la medida que necesitaba) y en cuanto la tuvo se marchó, dando las gracias y pidiendo perdón por las molestias, pero sin ofrecerse a colaborar ni a escuchar a Sonia en una cocina en la que, por otra parte, no llegó a entrar. No hubo caso, ni aparte de Sonia en la cocina “doña Isidora entiéndame”; y a mí me vino bien barruntando que mi amigo, cuando se lo comentase, se mostraría reticente a tal eventualidad argumentando que la vecina – si es que en verdad era “vecina” y no un repartidor de guías telefónicas o empleado de alguna empresa suministradora de energía que pretendiera tan sólo leer el contador del gas– podía no venir (o, bueno, “ir”) en son de paz o pidiendo favores con muy buenas maneras y tono compungido porque “me doy cuenta perfectamente de que estoy abusando de su amabilidad, Sonia, pero después de haber prometido a mi nieto que mañana le daría bizcocho para desayunar” resultó que..., en fin, un largo etcétera de inconvenientes quién sabe si no del todo falsos o por lo menos inventados en parte sino, muy por el contrario, hecha un verdadero basilisco – porque ella (la señora de Ramírez hijo) hubiese cometido la falta imperdonable de tender la víspera ropa de color sin centrifugar... ---- Este mismo enlace y con el mismo aspecto lo encontrará el lector en este archivo; pero cuando lo encuentre allí acuérdese de no pincharlo ― pues porque no funciona y por unas razones muy complejas y difíciles de contar (y porque además yo sólo soy un editor cuyo único cometido consiste en editar lo que se me encarga, y no en confesarme de nada ni con nadie) no puedo...
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2308165072237
Cuando menos en engaños
08/16/2023
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/cuamenga.pdf y cuando más en falacias si bien ― y dado que lo piadoso era admitir o reconocer que no era el caso porque intento de dañar no lo hubo en ningún momento, o se carecía (que él supiese, y lo quiso dejar muy bien sentado) de pruebas fehacientes e irrefutables ― el término “falacia” podía estar pecando de excesivo y, por eso, el abuelo quiso que el chico lo borrara pero no supo y tuvimos ( o “tuvieron”, porque si es cierto que me invitaron a participar en la votación no es menos verdad que me excusé so pretexto de que prefería permanecer al margen y no inmiscuirme en asuntos familiares tan delicados siempre y más, como era el caso, habiendo niños de por medio) que elegir entre desandar un trecho o dejar las cosas como estaban sin prestar oídos a que la sugerencia que (por qué no) habría podido ofrecerse a hacer la vecina de al lado, que habiendo venido (o, bueno, “ido”) casualmente en mitad de la polémica a pedir una tacita de harina para hacer un bizcocho no estaría de más el suponer que deseara corresponder brindando su ayuda, apuntaba al hecho de que podíamos sustituirlo sencillamente por “mentira”, término mucho menos drástico según ella con el que, sin embargo, no estaríamos faltando a la verdad pero sí sorteando un escollo que a saber quién podría ser el desdichado al que cayera en suerte el verse obligado a esgrimir ante los ojos atónitos de sus asombrados ascendientes – si el azar se decantaba por sonreír a los más jóvenes – o frente a las narices de sus – caso de que el albur se inclinase por favorecer a los más viejos – estupefactos descendientes. Ofrecimiento que podría ser bien acogido por Ramírez y por sus padres y los niños, pero rechazado de plano por la madre (de estos) aduciendo que ella quedaba en desventaja no teniendo a sus propios ascendientes a mano porque “entiéndame, doña Isidora – le diría en un aparte en la cocina – yo a mis suegros los quiero y los respeto, sí, pero no es lo mismo”. Pero mi amigo, cuando se lo comentase, se mostraría reticente a tal eventualidad argumentando que la vecina – si es que en verdad era “vecina” y no un repartidor de guías telefónicas o empleado de alguna empresa suministradora de energía que pretendiera tan sólo leer el contador del gas (en cuyo caso no quedaría justificado el que se sintiera en la obligación de corresponder) – podía no venir (o, bueno, “ir”) en son de paz o pidiendo favores con muy buenas maneras y tono compungido porque “me doy cuenta perfectamente de que estoy abusando de su amabilidad, Sonia (pues ella me había informado previamente, creo recordar, de que podía llamarla Sonia), pero después de haber prometido a mi nieto que mañana le daría bizcocho para desayunar” resultó que..., en fin, un largo etcétera de inconvenientes quién sabe si no del todo falsos o por lo menos inventados en parte sino, muy por el contrario, hecha un verdadero basilisco – porque ella (la señora de Ramírez hijo) hubiese cometido la falta imperdonable de tender la víspera ropa de color sin centrifugar debidamente y ella (la vecina, pero no de al lado sino del piso de abajo) “mire, desteñido de rojo y echado por completo a perder el vestido blanco de organdí de la niña” – indicando, una vez que se le pasara el acceso de ira “porque en realidad ya no se lo ponía porque con el estirón después de las anginas del invierno pasado le quedaba pequeño”, que se podía ser un poquito más flexible (y doña Isidora parece que lo era) y optar por una tercera vía consistente en hacer dos grupos, y que uno de los grupos se pusiera en camino para desandar y el otro se quedase para dejar las cosas como estaban antes de que “mi pobre hijo falleciera en dramáticas circunstancias” y la madre de la niña se hiciera groupie de “uno de esos cantantes modernos drogadictos” , dijo, indeseable pero muy afamado — explicó también — y se fuera tras él, siguiéndolo a todas partes en sus giras, para no regresar. Y como entendí que mi amigo, al que tuve siempre por una de las personas más ponderadas y ecuánimes de entre toda la clientela del bar al que acudía cada mañana a desayunar y en la que me fijé con disimulo para tomar de ella los rasgos más apropiados y acordes con la personalidad que yo deseaba para un personaje tan primordial en mi obra, no pondría objeción alguna a una solución tan razonable opté por adherirme a esta propuesta (mucho más apta “para todos los públicos” que aquella otra de la mujer del pelo largo exponiendo con profusión de detalles impropios del momento y del lugar vaya nadie a saber qué oscuros motivos para justificar su del todo extemporánea irrupción en el ambiente sereno y apacible del cuartito de estar de los Ramírez) y ofrecerme, si es que mi presencia se consideraba conveniente, a formar parte de uno de los grupos. Versaciones
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2308155068745
Conversación con Lola
08/15/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/converconlola.pdf – Lola, ¿por qué me hace esas cosas? – Susi. – Perdone. Y colgué el teléfono. Sonó el teléfono. – Dígame — Contesté. – Comida japonesa. – ¿Qué comida jap… – Lo de la balda de arriba, la bandejita envuelta en albal. – Lola, no me refiero a eso. – Pues lo otro, en la de más abajo, son croquetas listas para freír que se las haré mañana porque se le iban a poner muy revenidas. – Lola, que no es eso… – Pues natillas, en la tercera, en el bolcito de duralex. – No. Lola… – Pues yo no le he hecho nada más. – ¿Nada más en cinco horas? – Cuatro horas y tres cuartos. – ¿Y por qué cua… – Porque he llegado a y diez, ya se lo dije, y me he marchado a menos cinco por lo del cuarto de hora de ayer ¿No ha leído el post-it? – A eso iba… – Pues hala, vaya, que yo no tengo prisa… Ah, y la palabra en francés ya me he acordado yo sola, es “madame”. – ¿Quién? – La de la ventana de enfrente, con nombre de flor. – ¿Camelia? – No, de las Teáceas, no. No la del arbusto perennifolio que no huele a nada. La otra. – No sé, Lola. No caigo. – ¿Por la ventana del patio no? – No la entiendo, Lola. – No hay que entenderla, sólo aceptar que en el mundo somos muchos y tiene que haber de todo. Usted es que es muy puritano y perdone… – Ah, se refiere a doña… – Esa, esa, si la tengo en la punta de la lengua. Mucho más bajita que la otra pero blanca siempre; símbolo de la pureza. – ¿De la pureza? – Vamos, no sea cuadriculado. Puede tener un corazón de oro. – Está bien. Dejemos eso y volvamos a… – Oiga, pero… En su casa no había teléfono inalámbrico. – No lo hay, ¿por qué cambia de tema? – Porque como iba usted a leer la nota y noto que ya la ha leído. – Lola, por favor, que no es… — Respiré hondo y opté por empezar de nuevo —: ¿Por qué me hace esas cosas, Lola? – ¡Pero si ya hemos discutido porque no hice nada más! Aunque, ah, sí, ahora que me acuerdo contesté el teléfono, dos veces… – ¿Y? – La primera era de esa compañía de teléfonos tan pesada… – ¿Y usted que le dijo? – Que soy la asistenta. Ya sé que es lo que dicen todas las señoras, pero no siempre va una a estar ocurrente. Y luego su tía, la de los gemelos. – A, sí, los primitos… – No, no de la Rebolledo; de la camisa esa que se puso el otro día porque quería causar buena impresión. – ¿Y qué quería? – Nada. Es muy lógico el ir bien presentado cuando se quiere causar buena imp… – Digo ella. – Ah, ella se había equivocado, llamaba a otro sobrino; y que a usted no valía la pena llamarlo tan temprano porque estaría durmiendo como los escritores son todos unos crápulas y un hatajo vagos. Literal. – Por cierto, ahora que ha sacado usted el tema de mi profesión, ¿querría explicarme… – ¿Por qué lo dijo; quiere que yo le explique por qué ella dijo eso? – No, Lola… – Ah, pero si no me importa. Dijo que es usted un desastre y un zángano; y también que un presuntuoso porque que quién lo mandaba a usted meterse a abogado… – ¿Abogado yo? – Déjeme seguir. “¿Abogado el señorito?”, le dije yo. Y ella dijo que “abogado ese inútil, sí”. Y que ella, tonta de ella, por secundarlo y darle ánimos se pateó toda la ciudad para comprárselo… – ¿Comprarse qué? – A usted, los gemelos, para que cuando fuera a visitar a su cliente le inspirase confianza ¿Por qué si no habría yo de saber lo de los gemelos ni lo de la cadena… – ¿Cadena también, de oro? – No; perpetua, de ella. Aunque también se podía estar refiriendo a la del perro. – No tengo ninguna tía con perro. – Su cliente, clienta... Su clienta tenía perro y luego, es lo último que supo su tía, estaba atada de pies y manos… ¿no le parece excesivo? – No sé, porque como no estoy entendiendo nada. – Su tía tampoco, dice, pero que así fueron las cosas y que usted se colocó la toga y las chorreras con mucho desparpajo… – Pero, Lola, si yo en mi vida he sido abogado… – El caso es, quiera usted reconocerlo o no lo quiera, que usted estaba dispuesto a dejarse la piel por sacarla de... Versaciones
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2308155068660
Continuará
08/15/2023
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/contiparaquefue.pdf Y es que en aquel momento, el instante en que por un cúmulo de circunstancias — estúpidas todas pero confabuladas, amparándose y solapándose las unas en las otras que es en lo que siempre se refugian los cobardes que no se atreven a una vez cometidas sus disparatadas acciones dar la cara — me vi obligado a abandonar mi trabajo, pensando que lo reanudaría en apenas los pocos segundos que me llevara el reponerme del susto de mi amigo, porque inesperadamente sonó el teléfono. Pero, cuando pensaba dispuesto a enfilar el pasillo que también esto lo resolvería ― como solía suceder todas las tardes, también en pocos segundos diciendo que no; que no a la voz anónima que me invitaría a cambiar de compañía telefónica o, si aquella invitación fallaba, otra me ofrecía un apartamento en la playa en multipropiedad o un coche o un viaje― me asaltó la duda, sin poder concretar un porqué, de si en verdad las cosas continuarían siendo tan sencillas, y el discurrir de las horas y de los días tan amable como lo venía siendo desde que empecé lo que di en considerar “mi obra”. Por eso coloqué el “continuará” entre interrogaciones. Coloqué las interrogaciones y me disponía a enfilar el pasillo en dirección al teléfono pero, apenas dados los primeros pasos, sonó también el timbre de la puerta y, tras dudar unos instantes qué hacer primero, opté por abrir la puerta (sería el cartero con una multa de tráfico y siempre es mejor, me dije, cogerla que tener que acudir a buscarla a correos o que esconder la cabeza debajo del ala y no ir, y quedarse con la zozobra de no haber aceptado quién sabía si la notificación de que un tío lejano del que se desconocía la existencia ha fallecido en el extranjero y me lega todos sus bienes) en la esperanza de que, entretanto, el teléfono dejase de sonar. Desanduve por tanto el poco trecho que había caminado por el pasillo y, cuando ya casi tenía la mano en el picaporte, me percaté de que en el suelo había un sobre que apenas unos minutos antes — nótese que apenas llevaba un párrafo, y corto, hasta el primer “teléfono”, lo que dará idea del poco tiempo que hacía que me había sentado a trabajar — no estaba ahí. Miré por la mirilla y en el descansillo no había nadie, con lo que supuse que el cartero lo deslizó por debajo de la puerta y se marchó, pero, al dar la vuelta al sobre, que estaba boca abajo, vi que además de no llevar franqueo tampoco llevaba nombre de destinatario ni remite sino, tan sólo y escritas con ordenador, las palabras de cada laberinto sólo se sale volando* seguidas, tras un punto y coma, de otras que me parecieron aún más enigmáticas: y en cada esquina del tiempo acaba el presente, que se puede desvanecer porque quizá no ha pasado nunca nada.* ――――― * Del libro 49 respuestas a la aventura del pensamiento. De Eduardo Pérez de Carrera. ―――― – ¿Y dentro del sobre — preguntó mi amigo cuando se lo conté — qué encontraste? – Nada — Contesté. – ¿No había nada dentro del sobre? – En realidad — le respondí — el sobre no lo abrí. – ¿No abriste el sobre? – ¿Para qué si el mensaje estaba fuera? Además, ya te he dicho, el teléfono estaba sonando y fui a atenderlo. – ¿Y? – Era mi tía, interesándose por Indalecio. – ¿Tu tía la del capitán interesándose por Indalecio? – Sí, ¿qué pasa? — repuse con acritud — Mi tía tiene sus rarezas, ya lo sé, pero tal vez porque los años le estén dulcificando el carácter siente por él un inmenso cariño, lo quiere como a un hijo, y está muy pendiente de él y de su bienestar. – No — él, que me pareció que se decidía a mostrarse comprensivo —, si que a tu tía se le dulcifique el carácter con los años me parece estupendo, y, que quiera a al capitán como a un hijo, comprensible a su edad, pero… ‒ ¡Un momento! — le interrumpí con viveza ― ¿De dónde has sacado no sé qué capitán? ‒Bah ― contestó, en vez de responderme ― Deja eso ahora y no mezclemos las cosas; porque si nos desviamos al tema de los volovanes… ‒ ¿Qué volovanes? ‒ ¡Que no te pongas ahora con eso! Además, no sé si lo recuerdas ― me dice ―, pero lo de la petición de mano no terminó bien… ‒ ¿Tendría que recordarlo? ‒No es que sea absolutamente necesario, pero, que Lola se marchara, así, de forma tan inopinada y sin ni terminar de rellenarlos, podría tener una explicación… ¿No crees? Y como estoy tan confuso, tan agobiado por tanto trabajo como veo que se me acumula sobre la mesa del despacho, con torres de expedientes que ya me ha advertido Ramírez que algunos son urgentes; opto por, a la desesperada, desentenderme de todo y, solo, en silencio y cómodamente repanchingado de espaldas al escritorio y a realidades tan pedestres, encender un cigarrillo y, contemplando el cielo azul, seguirle la corriente y decirle que sí, que creía (creo) que sí… ‒Fantástico ― exclama ― ¿Pero no podríamos buscarla en otro momento? ‒Eres tú quien ha sacado el tema ― protesto, por puro compromiso, sin ningún entusiasmo, entretenido... Versaciones
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2308155068653
Continuará
08/15/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/continuara.pdf Y aquí está, a mano, de mi puño y letra, tal como lo escribí aquella mañana en el ministerio cuando al mirar el reloj me di cuenta de que estaban a punto de dar las tres y no tendría, por un lado, tiempo de profundizar en las elucubraciones a que me había conducido la sensación fugaz (pero inquietante) de que tal vez Sonia no era del todo creación mía y, por otro lado, un interlocutor que diera la réplica — porque sabido es, por cualquiera que haya incurrido en la torpeza de pretender que otro comprenda cómo se siente frente a qué remueve en él tal o cual determinada vivencia, que el intento será vano, y que ese otro interpretará lo verbalizado no como el narrador lo interiorizó sino como su sensibilidad y su escala de valores le permitan en función de sus propias vivencias, y de cómo las interiorizó, y de cómo esa interiorización condicionó su percepción, tan subjetiva siempre, del mundo tangible y de todo cuanto conforma el de lo intangible; pero, y sabido es también, las objeciones que ese interlocutor pueda poner (y pondrá, sin duda, aunque sólo sea por cortesía o no dar pie a que la conversación decaiga por culpa de su silencio) servirán de contrapunto que posibilitará que las ideas se clarifiquen y los sentimientos se liberen, un poco al menos, de la carga emocional que hace notarlos como si fueran un puñal clavado, ahí, en el centro del pecho… “Continuará” escrito a mano y, como de costumbre — y a lápiz, también como de costumbre, para después poder borrarlo —, en el reverso de un expediente que, como de costumbre , guardé en mi carpeta con la intención de devolver a su lugar tan pronto Lola , que es una profesional muy de fiar y enormemente competente , me dejase pegado en el cristal de la ventana el correspondiente post-it. Versaciones
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2308155068639
Consternada ante la perspectiva
08/15/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/consternada.pdf de quedarse sin empleo en una época en la que, para colmo, andaba embarcada en una hipoteca porque estaba ya hasta la coronilla, dijo, de compartir piso con un par de cajeras de supermercado y un físico nuclear que se pasaban la vida riñendo a ver a quién tocaba hacer el baño y fregar los platos; y se había comprado un pequeño apartamento que “ahora, por culpa de todos ustedes , no sé qué voy a tener que hacer para pagarlo” se puso de pie tras pronunciar su dolorida alocución plagada de tintes nostálgicos recordando ella cómo, proveniente de una pequeña capital de provincias de clima más bien frío y bastante lluvioso pero muy bonita con su magnífica catedral gótica, había llegado muy joven a la capital como quien dice con lo puesto huyendo del hogar familiar y de un padrastro lascivo que… Alzó en este punto la mano Sonia, impidiéndole con su gesto sereno terminar la exposición de unos hechos que intuía — y no es que se hubiese manifestado Sonia hasta el momento como persona intuitiva, o yo por lo menos no había reparado en ello; pero si ahora afloraba esta nueva faceta de su carácter entendí que sería prudente, para lo sucesivo, tenerla en cuenta — “pueden contener — dijo — detalles o pormenores escabrosos tal vez no muy aptos para ser escuchados por los niños” para, de inmediato y llevándosela a la cabeza, girarse hacia mí y en tono muy alterado increparme con que si es que no iba a ser posible hacer carrera de mí, y que si seguíamos en ese plan terminaríamos desquiciados y con los nervios hechos trizas, sin ser capaces de reconocernos siquiera no ya los padres a los hijos y estos a sus padres sino cada cual a sí mismo y a sus propias reacciones. – ¿O le parece coherente que me ponga — me preguntó enfadada — remilgosa y ¡oh, cielos, delante de los niños! cuando venimos de decir, de decirlo yo personalmente no hace ni cinco minutos, ¿que estos niños de ahora saben latín? – ¿Cinco minutos, Sonia — objetó su marido —cuando lo de la mariposa fue a primera hora de la noche y ya está, mira por la ventana tú misma y podrás verlo, empezando a clarear? Y que habían sucedido muchas cosas desde entonces y que se acordara, por ejemplo, cómo en Velázquez esquina con Jorge Juan tuvimos que cambiarnos de taxi porque un chiflado se saltó el semáforo y nos embistió… – No era Jorge Juan sino Villanueva — ella, que además de intuitiva comenzaba a revelársenos como buena observadora —; lo recuerdo perfectamente porque el coche nos embistió por la derecha. – Perdona, querida, pero no. Además… — se volvió Ramírez hacia mí —, ¿qué dice exactamente el manuscrito? – ¿Qué manuscrito? — Sonia, en tono sarcástico muy parecido al que emplease la tarde de las judías diciendo par de adorables querubines justo antes de, pasando sin solución de continuidad a un tono airado, gritarme hecha una furia “cantamañanas cursi del carajo” y dar, acto seguido, un portazo — ¿Qué manuscrito, Román, si no hay ningún manuscrito, si se lo está inventando todo… – ¿Me lo estoy inventando todo? — Repliqué en tono también sarcástico porque, entendí, el colocarme en su misma tesitura podría mantenerla a raya, a raya y no sólo a ella sino también al desarrollo de unos acontecimientos que, me terminaba de dar cuenta con enorme estupor, se me empezaban a escapar de las manos... ---- Polaco él, empleado como tantos centroeuropeos venidos a España por aquella época de peón en una empresa constructora, con el que tras conocerse chateando por internet y tomar un par de copas había entablado una relación sentimental y, juntos, habían alquilado un pequeño apartamento. Hipó, sonándose la nariz con un kleenex y despreciando el pañuelito que con tan buena voluntad e ímprobo esfuerzo el chico había centrifugado en atención a un abuelo que, y bien patente había quedado, ni merecía tantas contemplaciones ni había necesitado quizás nunca la colaboración del pequeño ni para entender ni para expresarse. Haciéndome sentir — ahora, no entonces — reconfortado porque “ésta es — me dije — mi Sonia”, la Sonia de la que yo solo (bueno, con alguna ayuda de mi amigo, claro) y con mi propio esfuerzo había logrado hacer una esposa, y una madre, y una nuera y, si las musas y la diosa Fortuna se ponían de acuerdo para no darme la espalda… Pero preferí, “ahora”, centrarme en lo que me estaba ocupando y no perderme en fantasías que, si sí me la daban, terminaría todo como el cuento de la lechera por culpa de, como decía mi... Versaciones
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2308155068585
La frase demasiado larga
08/15/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/B/aunquelopasapor.pdf aunque él lo pasa por alto ya porque no se da cuenta o porque entiende que — ahora que parece que voy tan encarrilado, que hasta mi madre (que la oí por teléfono el otro día que hablaba con una de mis primas, hija de su hermano, mi tío Augusto, que es crítico de arte) empieza ya a comentar con la familia “pues el chico es escritor y está con un bestseler gordísimo que seguro que tiene mucho éxito porque creo que lleva muchos crímenes y mucho amor y mucho lujo”, y que me preocupa, por cierto, porque se va a llevar un berrinche cuando sepa que no es de eso, y yo un disgusto cuando amenace, según su costumbre, con que nota que está a punto de darle un infarto por mi culpa y que qué le va a decir ahora a su familia y que la voy a dejar en ridículo; pero no quiero, para no perderme, pararme a pensar ahora en eso — no merece la pena interrumpirme por una o dos comas de más o de menos que se pueden poner luego, en el último repaso antes de darlo a la imprenta. Versaciones
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Bien podía haber terciado mucho antes
08/15/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/bienpodia.pdf y nos habríamos evitado el andar teniendo que especificar constantemente de cuál de las dos mujeres estábamos hablando ; pero cuando tiempo después y no estando quizás viniendo ya muy al caso — pero es que, he de reconocerlo, siempre he tenido una memoria buenísima para los detalles que, por pequeños que puedan ser, obstaculizan mi trabajo — se lo comenté a Ramírez él replicó que no habría servido de nada, que no habría servido de nada porque el padre todavía era mudo y a ver cómo habría podido el chico entender, y menos traducir, unos movimientos de manos que estarían significando “Celedonia”, sí — admitió —, pero era imposible saberlo porque no era “Celedonia” palabra que viniese en el manual del lenguaje de signos. Y entendí que mal que me pesase tenía razón y que, en resumidas cuentas, tampoco y por mucho que nos hubiese facilitado las cosas el conocer su nombre, habríamos estado eximidos ni a salvo de imaginar — la imaginación es tan atolondrada, tan atrevida y tan casi nada proclive a dejarse guiar por la sensatez ni por la lógica — que esta mujer ya casi anciana pudiese haber sido algún día la joven novicia confinada, en la flor de la vida y contra su voluntad, tras los inexpugnables muros de un convento. ---- Quiero advertir aquí al lector de que no debe dejarse inducir a confusión incurriendo en el error de suponer que al mencionar a “las dos mujeres” nos estemos refiriendo a ésta, la de las botitas, y a aquella otra de los boquerones que, por enigmáticas razones que escapan a nuestra comprensión, figura en alguna parte como “de los salmonetes” e incluso, en alguna otra, la “de las sardinas” y que es, en ambos casos y de eso sí que estamos seguros, la de las sandalias de tacón que había estado toda la tarde sentada en la butaca de la habitación del fondo. (Nota del autor).
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De baja por maternidad
08/15/2023
Lola
http://valentina-lujan.es/alicia/debajapormatern.pdf Circunstancia, por cierto, que le vino lo suficientemente mal como para que su ánimo, ya bastante ensombrecido etcétera (por causa de su madre, por ejemplo, porque lo del desgarrón de la cortina no creo que fuese mayor motivo de disgusto cuando además lo dejé, que usted lo vio, bastante bien cuando usted dijo pues que lo zurzan y yo le dije no hace falta encargárselo a ninguna modista porque eso lo hago yo) ― del que su amigo, quizá porque leyera por encima o deprisa, podía caber la posibilidad de que no se hubiera percatado, pero también la de que le importase un rábano ―, se oscureciese más (si cabía) y pudiera, así, ser una posibilidad más entre las posibilidades a tener en cuenta para entregarse no tenía él ni medio claro todavía si a una tragedia o a un sainete. Lo del rábano lo digo por lo del ánimo ensombrecido etcétera, que pienso que supondrá su amigo, que me parece más lógico por culpa de su madre; pero como mi trato con usted es distante (no por nada, que yo estoy muy contenta con usted, pero mi cometido no va más allá de ocuparme de la cocina y de que la casa esté recogida) no lo conozco lo suficiente como para saber si lo de la trastada de Grundtvig lo cabreó más de lo que yo pensé. Y como a su amigo pues tampoco, que sólo sé lo que usted cuenta en sus escritos, pero lo que se escribe suele, o tengo yo esa sensación, estar bastante mediatizado por circunstancias muy concretas (y a veces de poquísima importancia) que se dan a cada momento, no tengo ni idea de en cuál de los casos vaya (el rábano) a importar más o menos, y más cuando ni él (su amigo) tiene claro si van a decantarse ustedes por un dramón de muchos personajes con muchos problemas o por algo más desenfadado, que, pienso yo, puede tener su cierta gracia si está bien escrito y tiene su poquito de gancho. Y ahora lo dejo, con sus propios problemas, que a mí me está pitando la olla exprés con un cocido, casi maragato pero sin morro que espero que le guste. P.D. La que se marchó a Sri Lanka fue María de los dolores ¿Por qué se cree si no que lo he hecho yo? Pero como veo que ya ha registrado usted el capítulo déjelo aunque sea. Versaciones
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