La calma de la primavera hizo que el corazón ardiera y, como consecuencia de esto, florecieron más sentimientos y versos intensos. Fue extraño, parecía que la primavera se dividía, transformándose en otra distinta. Espada rojiza, arcos azules y flechas rosadas, las tres realezas eran aliadas. Se protegían con valentía, pero no con suficiente, el príncipe azul se hizo demente en su baúl. Quiebre de cristal, puntas de flecha al asecho y puñal dentro del pecho. Lo rojizo del vino era ríos, se regaba alrededor de la habitación... y deliré, tinto no vino, nunca lo hizo.
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