Durante una noche de sueño tranquilo y profundo, una luz esplendorosa, que llegó a través de su ventana, la arrastró a un lugar que, paradójicamente, le resultaba familiar, pero que a la vez le era desconocido. En esa plaza, Ashia vislumbró a un ser misterioso que atrapó sus pensamientos, aún al despertar. Estaba confundida. Ese ser no era real y deseaba volver a estar con él. Quería conocerlo, porque sintió una conexión tan profunda que la cautivó.
Como si un deseo le fuera concedido por el cosmos, lo volvió a soñar. Desde esta segunda visita a la plaza, la niña se acercó y comenzó a ganarse la confianza de su austero compañero nocturno, dando paso, poco a poco, a una profunda amistad que perduró durante innumerables noches de sueños placenteros. Vivieron juntos experiencias oníricas enriquecedoras, en diversos lugares fantásticos, donde pudieron compartir las historias secretas que los tenían anclados a un pasado que para ellos era doloroso e inquietante, dando paso al descubrimiento y la comprensión de hechos antes inexplicables para cada uno de ellos.
Ambos estaban pasando en ese momento por situaciones circunstanciales que los llenaban de sentimientos ocultos de soledad e inseguridad. Ashia, una niña en esencia amigable y alegre que extrañaba a su padre, quien se encontraba de gira presentando su nuevo libro de poesía; su madre, aunque era su confidente y compartía muchos momentos con ella, la mayoría del tiempo estaba ocupada con su maravilloso hermanito y Borja, su mejor amigo de la infancia y casi hermano, que era algo más de un año mayor que ella, tenía ahora otros intereses y cada vez estaba más lejano. Aldo, un ser amable, pero taciturno y distante, que transitaba por el universo aislado de todos, había sufrido con intensidad la pérdida de su gran amigo Cian; siendo sometido por milenios a la persecución, el encierro y el ataque por parte de seres humanos inescrupulosos, la única compañía que se permitía era la bandada de aves que lo rodeaba.
Se apoyaron mutuamente para tender puentes, ella en el mundo de la realidad y él en el mundo de los sueños, que los guiaran al reencuentro con seres queridos; brindándose cada uno la oportunidad de perdonar y perdonarse para liberar sus cargas emocionales y poder disfrutar plenamente de las nuevas oportunidades que les ofreciera el destino venidero. Llegado el momento, enfrentaron unidos la realidad de la separación. Ashia, ya convertida en una jovencita, siguió sus sueños por otros caminos, hacia inéditos destinos juveniles; mientras que Aldo, descubrió su verdadera pasión y avanzó, ahora decidido y confiado, al encuentro de nuevos soñadores infantiles.
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