La tarde dio paso a la noche inadvertidamente y cuando quisieron acordar, tras un par de rondas de aquel delicioso licor, ambos estaban anulando sus otros compromisos para poder ir a cenar juntos. Gina solo puso una condición, y es que pagaran la cuenta a medias. “No me gusta deberle nada a nadie”, dijo con absoluto convencimiento y una seriedad que casi resultaba cómica a ojos de Alberto. “Una chica de principios, como debe ser”, le contestó él mientras posaba apenas su mano en la espalda de la
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0