Camina por la plaza con su perra y observa a las personas que andan por ahí; piensa que su mundo es tan reducido como una caja de fósforos, donde la tristeza se instaló y descansa con comodidad, como si estuviese en una butaca de salón. Siente que nadie la mira y que es un fantasma entre la muchedumbre, pero eso le gusta, no quiere ser descubierta. Ve a una pareja que está sentada en un banco besándose, y dibuja con líneas borrosas, la posibilidad de conocer entre esta multitud a algún hombre
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