Mi nombre es Byron, y desgraciadamente voy al instituto. Pero no a uno, a muchísimos, el trabajo de mis padres consiste en mudarse de aquí para allá, el tiempo promedio que me mantengo en un instituto es de 3 meses. Pero ¿que por qué está mal? Porque no tengo un físico de escándalo, ni esos abdominales que suelen tener todos los adolescentes de mi edad. Está mal porque la gente no tiene corazón y se ríe de mí por estar rellenito. Eh, pero que la cosa no acaba. Mi hermana, un año mayor que yo, es una zorra y aprovecha las mudanzas para tirarse a todo lo que se menea, ya sabes... Pero en este último instituto en Seattle, me van a dar la peor noticia de mi vida, nos quedamos definitivamente, y pronto empezaremos con mi rutina. Pero, ¿sabes qué? Esta vez, no pienso quedarme parado.
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