La vida de Ryou transcurre normalmente, al menos dentro de lo que es normal para su familia, hasta que se encuentra cara a cara con la muerte... y sale vivo milagrosamente.
¿Por qué ella lo dejó ir? Era la pregunta que le daba vueltas en la mente y estaba determinado a darle respuesta.
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Mi nombre es Ryou Shita.
Tengo veinticinco años. Soy signo Leo. Mi comida favorita es el chocolate, me gusta el rock pesado y aunque no lo parezca adoro los gatos y le tengo un pavor absoluto a las agujas, algo completamente risible si supieras a lo que me dedico.
Mi madre murió cuando tenía tres años y mi padre... esa es una historia de la que prefiero no hablar. De él heredé mi vocación y por él me he dedicado a hacer esto a pesar de los peligros que conlleva. Siempre supe que algún día debería de seguir sus pisadas, aunque no esperaba que fuera tan pronto y que él no estuviera para guiarme.
Por el momento vivo en Osaka con mi abuela Nanako y mi pequeña gatita negra llamada Aiko. Ellas siempre me acompañan a donde voy y se encargan de cuidarme.
Aiko tiene un don. Ella puede sentir a los muertos.
Sí lo sé, suena loco, yo mismo no lo creería de no ser porque mi padre y su padre antes de él se dedicaban a cazar entidades malignas que por siglos han torturado a la raza humana. Somos lo que llaman ikaishi, guerreros espirituales cuyo único propósito es mantener el delicado balance entre el mundo humano y espiritual.
Ahora yo, armado con una particular y poderosa arma que heredé de mi padre, soy el encargado de continuar con su legado. Soy un cazador de Yōkai.
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