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2023-12-10 Tejiendo emociones
12/10/2023
Antonio Guerra Alvarez
Tejía la vida con emociones que, a veces, habían quedado hilvanadas en las agujas de los relojes que marcaron su tiempo, con los sueños que le habían abrigado y con los que se abrigó en algunas mañanas lluviosas de abril, siempre el mes más cruel, con los horizontes sucesivos e inalcanzables que cada amanecer, con las primeras luces del alba, dibujaba día tras día sin descanso, con las despedidas y las bienvenidas que vivió. Así, su corazón disconforme, con el paso de las horas, fue tiñéndose lentamente de un rojo intenso y, al hacerse adulto, quiso hacerse al fin permeable a su alma inquieta dejando que ésta lo envolviese suavemente, dejó que lo protegiese. Fue la mejor manera que encontró para reconstruirse, para mostrarse sin miedo, para dar sentido a un camino que, a pesar de lo que en ocasiones algunos creyeron, nunca fue errático. Un camino que condujo al hogar intangible en el que, tal vez sin saberlo, siempre había habitado. Por fin pudo ser en plenitud. Ahora tenía, al fin, certezas.
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Portada Historia 01
12/07/2023
Antonio Guerra Alvarez
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2023-12-07 La puerta del laberinto
12/06/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue en un no visto y en un no oído cuando comenzó la deriva, cuando entró al laberinto. Lo hizo sin hilo con el que asegurarse la salida. Fue en ese momento cuando sintió, sin saberlo, que los cantos de sirena habían roto las ligaduras autoimpuestas en el pasado yclaudicó ante los lestrigones sin haber firmado capitulaciones, por sorpresa, en un instante, dejando al descubierto un campo de batalla en el que ahora debía librar el más encarnizado de los duelos del que no podría nunca salir victorioso. Sintió que las horas se hacían espinas, que las presencias se tornaban en las más vacías de las ausencias, que sus pasos, sin alternativa posible, le conducían al norte, desoyendo así a su alma que nunca había dejado de buscar siempre el sur. El tiempo, ahora roto, había escrito con pliegues en su rostro el más increíble de los viajes, la travesía de la vida.
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01-11-2023
12/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
Esperó pacientemente a que llegase la noche, siempre lo hacía. Tenía el presentimiento de que en alguna madrugada, en el espacio difuso en el que se mezclan los dos presentes, volvería a ver como renacería en él la libertad. Así fue como un verano, a la luz de una dama de noche, al olor de la agotada lámpara amarillenta de la entrada de aquella humilde casa en el campo, asistió en primera persona al mayor de los milagros: ser testigo del parto de una nueva esperanza. Sintió la emoción de contemplar cómo la luz de la madrugada, esa que hace que los gatos dejen de ser pardos y que al fin nos venza el sueño, iba abriendo lentamente el horizonte convexo que comenzaba a intuirse. No pudo contener la emoción y recordó a aquellos que habían perdido la fe en el camino, a quienes habían abandonado por las heridas, a quienes tuvieron miedo y volvieron a esconderse en el lugar del que partieron. Se hizo a si mismo la promesa de no volver jamás a tener miedo.
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Memoria y afectos 01
12/04/2023
Antonio Guerra Alvarez
Era el la única verdad de un universo que su alma había creado. Un universo opaco para quienes habían perdido la capacidad de emocionarse. Un universo velado y mate que proyectaba sus imágenes siempre hacía dentro. Un universo que, salvo en ocasiones siempre imprevisibles, jamás emitía un destello que pudiera delatar su existencia y en el que las únicas fronteras estaban marcadas por aquello que los demás creían inverosímil. Un universo en el que la razón no era posible y en el que, a pesar de la vida, a pesar de los abandonos, seguía acunando a los que consideraba suyos. Un universo en el que su orden había mutado hacia el caos y en el que su esencia desordenada había conseguido desnaturalizar el raciocinio hasta llegar a no ser, aún siendo. Un universo en el que tal vez lo único que tendría sentido para ella sería su propia amnesia, la ausencia de recuerdos y en el que las horas que antes tenían prisa, pasaban lentamente. Olvidó entonces sus rencores y acarició a quienes la negaron a pesar de que en otro tiempo fueron su carne.
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2023-11-28 Tres generaciones
11/29/2023
Antonio Guerra Alvarez
A pesar de la distancia sentían que siempre habían habitado el mismo espacio, la misma casa. Que acariciaban los mismos sueños y libraban batallas con las mismas pesadillas. Por eso quisieron ocupar habitaciones contiguas que siempre mantuvieron con las puertas abiertas. Eran lo vivido, lo vivo y lo por vivir, independientes y a la vez unidas por un vínculo imperceptible desde lo evidente del que no podían, ni querían de ninguna manera, prescindir. Sentían que cada una de ellas era parte de las otras dos. A través del tiempo, sin alcanzar a comprender cómo, se habían ido diluyendo una en las otras de una manera amable, suavemente, hasta llegar a componer una nueva esencia que se diluiría en otras que traería un tiempo fecundado que habría de llegar. Tres generaciones, tres almas y una sola emoción.
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2023-11-25 La reina
11/25/2023
Antonio Guerra Alvarez
A pesar de que ella no lo sabía, era su reina. Una reina a la que a veces destronó y condenó sin posibilidad de indulto, sin posibilidad de redención, en juicio sumarísimo, sin defensa, sin disculpa, para siempre. Sin embargo, en lo más profundo, seguía considerándola su modelo más allá de las injustas desposesiones, más allá de los confines superficiales de lo cotidiano, mas allá de la estrechez de los caminos que le marcaba un alma que, por miedo a ella misma, se había amputado voluntariamente el amor y por eso siguió negándola. Alguna vez temió que al expulsarla de ella pudieran suplantarla quienes ni sabían, ni querían saber, de afectos inmarcesibles, de emociones incondicionales, de sueños llenos de esperanza o de horizontes redefinidos. Eso jamás ocurrió, su negación creó en ella un vacío vital que, aunque jamás quiso reconocerlo, le hirió profundamente. Un vacío que la acompañó siempre. A veces tuvo miedo a la soledad porque, a pesar de que siempre tuvo la certeza de que no podría jamás arrebatarle nada que no fuese material, albergaba la esperanza de poder completar su deseo. Cada amanecer la veía sentada en el mismo rincón, esperando, con la esperanza de un abrazo que nunca llegaba, de que la habitase nuevamente la vida. Era cuestión de azar.
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2023-11-22
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue obligada a vivir indefinidamente en una realidad dicotómica en la que no eran admitidos los matices. Un universo castrante y doliente, en el que a pesar de todo, cada día, casi siempre de parto natural, desde sus adentros, desde lo más profundo de sus entrañas, nacían sueños que alimentaban la esperanza de poder volver a ser de nuevo en libertad. Hasta donde su memoria alcanzaba, recordaba haber sido obligada a mantener su alma encorsetada en preceptos sin sentido, a alimentar su corazón con las espinas de las rosas que, ya entonces marchitas, flanqueaban el altar de la mentira que presidía la casa, a sentir las emociones de manera vicaria, a amar siempre con amores confesables y a adorar ídolos con pies de barro. Una mañana, sintió que la luz era diferente, que iluminaba rincones que nunca habían resultado visibles para ella. Estaba sola, se sintió por primera vez libre y quiso dejar que la vida pasase ante ella. Se sentó y a pesar de saber de las dos salidas, está vez se negó conscientemente a decidir.
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2023-11-15
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Sin razón aparente consumía su tiempo, desprovista de las horas pares, intentando comprender la razón que asistía a quienes procuraban la perpetuación de sus sueños aberrados y aberrantes. Intentaba conocer la razón última que movía a aquellos que, preocupados por transmitir su herencia de oropel, se olvidaban del verdadero valor de ellos mismos, de quienes quienes eran, de quienes querían ser a pesar de ellos, de quienes habrían de soñar para siempre en pesadillas circulares. Cada mañana miraba a través de una vieja ventana que se abría al interior de una realidad que ya conocía y que, en su soledad, siempre había imaginado magnificada. Tal vez fuera el reflejo de su propia alma, el holograma de un interior imaginado en otros, el espacio desolado en el que convivían en pie de igualdad los pecados originales y las nuevas vidas inmaculadas al cargo de quienes jamás renunciarían a ser completos e impares a pesar de su soledad, a pesar de las ausencias, a pesar del dolor, a pesar de las renuncias y de las aceptaciones, a pesar de los amaneceres hipnóticos y los crepúsculos más estimulantes. Era ella, sólo ella, múltiple y única, insignificante y colosal, pasado y presente de un mismo segundo. Sólo ella, dueña de ella.
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2023-11-09
11/22/2023
Antonio Guerra Alvarez
Quiso esperar a que amainasen los sueños. A que el presente solidificase entre las agujas del reloj que presidía el anden sobre el que había construido sus despedidas tantas veces. Esperó allí donde tenía sentido una realidad en la que todo era posible, todo salvo la ausencia. En el lugar donde todo tenía cabida, todo salvo los actos de contrición, el dolor de corazones o los propósitos de enmienda. Pensó que no tenía nada que confesar, nada que declarar, y no lo hizo. Se sentó a esperar que llegase la hora de su partida, sin billete, sin horario, sin reservas, sin tiempo. Simplemente se sentó a disfrutar de cada segundo que habría de transcurrir mientras la luz se abriese paso en cada amanecer y se cerrasen en cada corazón que abrazaba la noche definitivamente. Esperaba, sólo esperaba, siempre esperaba.
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2023-11-11
11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Era la única verdad, siempre lo fue. Era el refugio, la certeza, el camino recorrido, la asignatura pendiente, la casa de paredes blancas, la cama recién hecha de sábanas tersas y frías, el olor a café, a pan caliente, a dama de noche y jazmín, a tierra mojada. Siempre fue el día soleado o la noche estrellada aún cuando algunas almas famélicas, revestidas de desesperanza, quisieron opacar la luz del horizonte que había construido, a pesar de los días y las noches de ausencias. Nunca pudo revivir el momento en que sintió, por primera vez, su calor pero recordaba que se conocieron después de un sueño de diez lunas y una tarde. Desde entonces fueron uno de otro. Seguía siendo la verdad, la única verdad.
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2023-11-05
11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Quisieron silenciarla, quisieron que no viese, que no recordase la realidad falaz, opaca, cáustica e hiriente que habitaba. Que no conociera la existencia de los universas alternativos y paralelos que se expandían de manera simultánea a su alrededor, a velocidades y tiempos diferentes y en los que otra ella era posible a través de sus emociones. Quisieron que asumiese dócilmente el futuro que otros habían preparado para ella, a pesar de ella. Que malviviera para siempre encorsetada en una doctrina creada por quienes pretendían que sus horas fueran mates pero se negó de manera rotunda y beligerante. No pudieron controlar su emoción inmarcesible, libre, divergente y disconforme. Ella, en sí misma, era la luz que abría cada mañana, a pesar de todo, a pesar de todos.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Completó el viaje sin tener la sensación de haber alcanzado el destino que tantas veces había imaginado. Sintió que se había agotado el tiempo que le había sido confiado y tuvo la necesidad de acogerse, por última vez, al derecho a declararse apátrida en defensa propia para no tener que exiliarse una vez más de si mismo. Sintió que no era ya tiempo de tierra ni banderas, que no era el momento de fronteras ni aranceles, que había llegado el tiempo para la justicia, para los abrazos conscientes, para las caricias que se ofrecen desde el corazón, para las renuncias sin dolor, para las heridas que cicatrizan sin previo aviso, sin sutura. Sólo el estado de sus zapatos y las rosas amarillas marchitas que le fueron regaladas al iniciar el camino daban testimonio del tiempo transcurrido y del trayecto recorrido. Sin embargo, a pesar de que se sentía cansado, vio cómo su reloj de arena se iniciaba de nuevo. Supo entonces que empezaba un nuevo viaje, en otro lugar, bajo otro sol, con otra luna.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Descubrió que bajo la dureza del pavimento con el que algunos habían cubierto su realidad existía un universo invisible en el que era posible. Fue entonces cuando apostató de los dogmas que le habían amordazado el alma, de los preceptos que enmudecieron su corazón y fue a partir de ese momento cuando no reconoció más liturgia que la que hacía que el camino se abriera ante él, sin destino preestablecido, sin balizas, sin mapa de viaje. Un camino en el que, a pesar de las encrucijadas los pasos querían ir, sabían donde ir. Descubrió un universo no escrito, negado por las profecías, en el que existía un paraíso donde la vida era posible con él y no a pesar de él. Un edén del que un día fue desterrado tras juicio sumarísimo con la única acusación de haber querido conocer los porqués. Por haber buscado que la emoción venciera a la razón, por haber soñado sus sueños de día, como siempre había hecho. Desde entonces quiso vivir en él. Para siempre vivió en él.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Ya era tarde cuando por fin llegó a comprender que no había sido suficiente la belleza, ni la riqueza, ni la juventud, ni el tiempo malgastado para poder alcanzar una libertad que siempre había creído que le conduciría a la felicidad que tanto había anhelado. Tenía la sensación de haber quedado a medio camino, en tierra de nadie, de no haber sido capaz jamás de respirar al otro lado del cristal de su pecera, de haber muerto cientos de veces estrangulada por ella misma, de no haber podido sentir en sus pies los granos de arena de un reloj quebrado que supo pedir disculpas por la asimetría de sus tictacs. Supo entonces que siempre había habitado un universo en el que no habían tenido cabida las almas generosas, esas que se ofrecen en plenitud, sin miedo, sin reservas, sin esperar nada a cambio, sin temer las heridas. Fue entonces cuando perdonó y al fin se perdonó.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Quiso esperar a que amainasen los sueños. A que el presente solidificase entre las agujas del reloj que presidía el anden sobre el que había construido sus despedidas tantas veces. Esperó allí donde tenía sentido una realidad en la que todo era posible, todo salvo la ausencia. En el lugar donde todo tenía cabida, todo salvo los actos de contrición, el dolor de corazones o los propósitos de enmienda. Pensó que no tenía nada que confesar, nada que declarar, y no lo hizo. Se sentó a esperar que llegase la hora de su partida, sin billete, sin horario, sin reservas, sin tiempo. Simplemente se sentó a disfrutar de cada segundo que habría de transcurrir mientras la luz se abriese paso en cada amanecer y se cerrasen en cada corazón que abrazaba la noche definitivamente. Esperaba, sólo esperaba, siempre esperaba.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Se sentaron juntos a esperar pacientemente en el mismo lugar por el que habían visto tantas veces desaparecer la mayoría de los sueños, en donde el tiempo convertía en sal a quienes se atrevían a volver la cara y reclamar el cumplimiento de las profecías reveladas. Confiaban en la vuelta de algunos de los que le fue negado el futuro, de los que fueron desterrados de la esperanza, de quienes, con propósito de la enmienda, desertaron voluntariamente de los presentes dolientes o de aquellos que en el pasado habían decidido ser infelices, incluso a pesar de ellos mismos. Sabían que, a pesar de todo, a veces sin tener conciencia de ello, a pesar de las ausencias, tal vez de las presencias, siempre habían vivido en la tierra prometida, que ese era su lugar.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Fue obligada a dejar de creer en lo no visible, a renunciar a los paraísos intangibles, a desconfiar de las promesas de madrugada y a rechazar los amores que se le antojaban inmarcesibles. Su mente se había anclada a la realidad como único medio de sobrevivir en aquel sinsentido en el que habitaba. Sin embargo, su alma seguía viajando de dentro a fuera y de fuera a dentro de la realidad castrante que la rodeaba e invitaba sin descanso a su corazón a que latiera libre, de forma arrítmica, sin patrón posible, a veces de manera disonante. Nadie mejor que ella sabía de los límites de la razón, nadie conocía como ella el lugar en el que el tiempo cóncavo se curvaba y, en rebeldía, pasaba a ser convexo. Nadie como ella era capaz de medir un tiempo en el que toda una vida cabía en un instante y en el que los relojes no eran capaces de pautar la emoción más pequeña. Fue obligada a memorizar el infame catecismo del tiempo perdido y forzada a cumplir con el precepto de adorar los nuevos vellocinos de oro de una verdad aparente y no revelada. Solo lo evidente y la razón le eran permitidas en aquel templo al que, obligada, acudía a orar cada mañana a los templos paganos. Sin embargo ella, a escondidas, llevaba un pequeño cofre en el que guardaba sus emociones y deseos que eran el único camino posible.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
Ahora ya no era capaz de recordar con claridad cuantas veces había ido en vano hacia la luz que no procedía de ninguna parte. No era capaz de ver los fuegos fatuos que, de manera espontánea, sin previo aviso, con frecuencia, habían iluminado sus oscuridades más aterradoras. No recordaba su brillo, ni su color, ni la cadencia con la que iban y venían. Solo sabía que eran fosforescencias de invierno, solo de invierno, de cuando hace frío, de cuando el presente parece detenerse a pesar de tener la certeza de que la vida sigue latiendo bajo el manto pardo y gélido que ahora lo cubría todo, bajo la lluvia, de cuando la vida se abría paso en cada gota inapreciable de savia que viajaba por las ramas, ahora desnudas, de los árboles del jardín, de cuando el arroyo seguía discurriendo bajo el hielo que lo cubre y que parecía paralizarlo. Era el tiempo en el que los pecados originales de unos y otros pugnaban por encontrar un ilegítimo bautismo que liberara sus almas. Por encontrar un azul y fraudulento hechizo que hiciera que los sapos jamás fuesen en busca de princesas que los besasen. A pesar de lo vivido, ahora no añoraba su memoria, ni recordaba pasados dolientes, ni tenía condenas ni indultos pendientes. Había conseguido vivir feliz en el olvido.
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11/11/2023
Antonio Guerra Alvarez
A veces, cuando la memoria vencía al deseo y la vida se hacía tan densa, tan árida, que resultaba imposible vivirla, los recuerdos se solidificaban hasta hacerse bloques de granito de aristas asimétricas y caóticas, de una forma tan aberrante que era imposible acomodarlos, que alinearlos resultaba una quimera. Ese era el momento en el que los futuros se sublimaban y desaparecían ante ella, como estrellas fugaces, sin que pasaran por los estados intermedios que tanto amaba. A veces, pasado, presente y futuro nacían y se agotaban en el mismo instante, a la vez. Sentirlo la hacía especial, la hacía diferente. Era entonces cuando, de forma voluntaria, en nombre propio, en nombre de su propia libertad, decidía perder la razón y alejarse de la realidad de manera consciente para habitar el sueño recurrente de la primavera, de su propia primavera.
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