“Tras abandonar su morada, injuriosos hijos de Dios descendieron a la Tierra tomando para sí a mujeres como amantes, y engendraron a niños nacidos del pecado y de la perversión de la carne. Decíase de estos hijos, que serán los aliados del antiguo portador de luz, Satanás, y que será uno de ellos el que se siente junto al señor del Ínferus y ofrezca su carne y su sangre para que la serpiente sea liberada.
Será entonces cuando los suelos se abran y el cielo caiga”.
Libro de Gehena, 7:11.
No quedó constancia real en los escritos conocidos por el hombre de ciertos hechos ni tampoco de las profecías, mas existen. Están reflejadas en libros prohibidos, obras de oscuridad ocultas y selladas durante milenios a las que pocos tuvieron acceso. Lo impensable ocurrió y ahora el mal los guarda con celo, a la espera de que una ofrenda de sangre sea hecha de buen grado para así obtener venganza.
He aquí la verdad, una muy distinta a la que te habían contado.
Una que desencadenará la guerra definitiva que acabe con el mundo tal y como lo conocemos, y, en medio de tal contienda, puede que el amor se convierta en motivo de salvación.
O de perdición.
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