Foto: H Assaf
- ¡Dispara, cabronazo!
El cañón de tu pistola está pegado a su frente. Es tu momento.
- ¡Hazlo, maricona!
Tres años tras él, lo tienes donde querías: encadenado en una mina abandonada.
- ¡No tienes huevos!
Violó a tu mujer delante de tus hijos. Nadie lo echará de menos. Nadie encontrará su cadáver. Nadie.
Nunca.
Apartas el arma.
- ¡Lo sabía!
Te das la vuelta y sonríes mientras te marchas.
- ¡Eres un mierda! ¿Me oyes? ¡Una nenaza! ¡Por eso tu mujer disfrutó tanto cuando m
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