Dos personas sólo necesitan un gesto, una mirada o una respiración acelerada, para prender la llama de la pasión.
Y aunque tú y yo no estemos en la misma habitación, esa llama siempre está encendida.
Se mantiene así porque nuestra relación no se compone de mentiras ni de engaños. Y mucho menos de promesas que nunca se cumplirán.
Somos sinceros el uno con el otro, nos deseamos y con eso nos llega.
Ni tú ni yo creemos en el amor, somos juguetes rotos. La vida se encargó de enseñarnos que ese s
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