Foto por Steve Smith A pesar de ser un castellano recio, adusto, serio -de Castilla la Vieja, por más señas-, me desperté en mitad de la noche obsesionado con bailar la cumbiamba. Sobresaltado, de un respingo me arrojé de la cama al suelo. Acudí a la cocina sudoroso, inquieto como un yonki con síndrome de abstinencia. De un tirón me bebí tres vasos de agua, mas apenas aliviaron la sequedad de mi paladar terrizo. Desconocía por qué me había dado por ahí, ni tenía la más remota idea de en qué cons
All rights reserved