Se representa en el escenario del mundo, otro acto (¿el último?) de la tragicomedia más larga jamás escrita e interpretada en el teatro de las marionetas. El desarrollo del estricto guión de la obra está férreamente controlado por un auditorio repleto de hombres que detentan todo el poder sobre los actores. Les suben o les bajan; les cambian de lugar o de escenario; les dan luz o les callan; los entierran o resucitan; todo según antojos, deseos, caprichos, intereses…
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