El rol de dominante no debe ser considerado una condición ni una forma de vida de la persona, ya que en la permisividad, el “tener que agachar la cabeza” e ir en contra de lo que uno desea, a veces, tragarse el orgullo, callar, no imponer, etc. es necesario en algún momento de nuestras vidas. Es importante entender que tener un rol dominante es entrar en un juego y en ese juego sí está permitido excitarse de esa forma y con ese rol, siempre que el juego esté pactado y consensuado.
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