El astuto que regala su lira
Cuando se esparce la cubierta nívea
y se oye del ladino su lira
entra por la ventana
la cara limpia del día.
De sus ojos fluye el rayo,
de su boca, una grácil melodía
de su talle se expande el perfume
que orea las horas del día.
Y circulan las manillas del reloj
y con ellas construyes tu vida,
lloras, sonríes, y palpitas
caes, te levantas y suspiras,
Y se acercan las horas oscuras,
y con ellas el alma tranquila,
¡con sus fatigas y alegrías!...
anhelando ser, la gasa nívea,
y el astuto, que regala su lira.
En el sopor plateado
los sueños, se hilan y levitan,
¡en el solear... en la llanura nívea
aletean y resucitan!.
Y bosteza el alma
y se restaura la glía,
y te conviertes en el cuco,
que regala su lira
Carmen Silza
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