Decir no o decir sí
Para cuando llegue el momento
de decirlo,
hay que aprender a decir “no”.
Ese “no” es una negación
que reafirma el carácter
del declarante.
Hay que saber decir “no”
para no cargar
con lo que no te corresponde
-cargar es asumir,
como propia,
la carga que consientes-.
El que no sabe decir “no”,
se convierte en esclavo
de sí mismo
y de lo que acepta.
Di “que no”
cuando sientas
que tienes que decirlo.
Pero, sobre todo,
no hay que ser nunca
como aquéllos que dicen:
"no es no" o "sí es sí",
sabiendo que mienten
a pulmón lleno
porque son adictos a la mentira.
Y, cuando haya que decir que sí,
que ese “sí” sea rotundo y sincero,
un “sí, quiero” porque lo quiero,
y lo hago porque lo hago,
y lo digo porque lo digo
y lo siento como lo siento.
“Sí, quiero”.
Todo esto
lo dice un pobre tonto,
un pobre idiota
con espíritu de poeta
que nunca supo decir “que no”
y, muchas veces, dijo “que sí”,
a sabiendas
de lo que aceptaba.
Y lo hizo con los ojos cerrados,
y lo hizo a corazón descompuesto
y lo hizo entendiendo
que tendría que sacrificarse
por haber otorgado ese “sí, lo acepto”.
All rights reserved