Foto por Jon Skilling
Mi estado de incertidumbre era tal, que me dio por aventurarme a un nuevo abismo. Metí tres camisetas sudadas en la mochila, un par de pantalones, cuatro de calcetines a medio ensuciar, y un calzoncillo virgen. Tras de mí, dejé abierta la puerta de casa: no tenía intención de volver, así que mejor no cerrarla a la posibilidad de que fuera ocupada.
Crucé la calle. Siempre había querido pasar al otro lado de la acera, a la parte chunga del barrio, pero nunca tuve los sufici
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