Hugo está dibujando un dragón y necesita el color verde, pero su rotulador ha desaparecido. Su frustración provoca una pataleta que hace que todas las flores del jardín se cierren. Su llanto convoca a Trapotín, un duende torpe que intenta ayudarle dándole color verde "a lo grande". El resultado: todo el salón se inunda de pintura verde. Hugo se da cuenta de que ha exagerado, respira, se calma, y entre los dos reparan el caos. Trapotín se despide con su frase gancho: "¡Nada de pataleo, que me mareo!".
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