Search
public copyright
inscriptions
10113 results found for tag:"prosa".
2309135312001
Las Tres Mil
09/13/2023
Francisco Albiac Samper
Una noche apasionada en las tresmil
All rights reserved
2309015214463
La mesa de centro
09/01/2023
La de Durán
http://valentina-lujan.es/D/delcuardecfoto.pdf del cuarto de estar decorado con fotografías de abuelas ataviadas con vestidos oscuros y abuelos con bigotes, donde una tía Bárbara que venía y me agarraba por los hombros, y me ponía en el medio del salón, delante de todos, le decía a la tía Gregoria —¡Esto exactamente es lo que yo quería decir! –“¿Esto?” — contestaba la otra, mirándome de arriba abajo arrugando la nariz como si yo fuera poca cosa. –Sí: esto — Y me zarandeaba y me clavaba las uñas y yo no gritaba no por lo del postre sino porque aunque me hacía daño era sin querer —: que la niña, sin darse cuenta... ¡¡porque lo has hecho sin darte cuenta!! — y que ¿verdad? Pero yo sólo asentía con la cabeza para no enredar más — que la niña, sin saber lo que hacía ha... – ¿Pero cómo que sin saber lo que hacía si estaba todo el rato dando la tabarra al pobre Pascual? — mamá. –Bah, no se preocupe por eso. A mí no me molesta, son cosas de niños. –Sí, Pascual; pero cosas de niños muy descarados — y mamá me clavaba los ojos meneando la cabeza y enfatizando mucho niñosss y descaradosss y —: usted es que es una persona muy sufrida. Y, yo, ahí callada, en el centro del salón con las uñas de la tía Bárbara clavándoseme hasta que ellos se callaban también, y entonces aflojaba un poquito, y haciéndome menos daño: –No os habéis dado cuenta. Nadie se ha dado cuenta. Y es comprensible porque todos estamos aquí, viéndonos y oyéndonos, y sabemos...creemos saber, al menos, qué estamos viendo y oyendo, pero imaginaros a alguien que no estuviese aquí, ¿qué pensaría? –Pues — papá, tan despistado — como si no está ni ve ni oye... –Que oyera o viese sólo de forma parcial, incompl... –Ah pues — mamá — no creo que pensase nada raro. Somos una familia muy normal... ¡Porque Pascual es como de la familia, claro! – ¡Bueno — papá, tan despistado —; Pascual como el que más! –No, ya, si eso sí — impaciente la tía, por hacerse entender, que me estaba volviendo a clavar las uñas; a ver si acabábamos con aquello de una vez — pero yo, a lo que me estoy refiriendo es a que, cualquiera que no estuviese aquí presente pensaría que... –Sí — papá, tan despistado —: que nos estamos... bueno, estábam... ¡o estamos¡ moviendo en nuestro presente y en nuestro pasado a la vez porque, si la niña... y Pascual, están aquí los dos, y la niña decía que Pascual decía... –Y eso no puede ser — la tía Gregoria. –Pero es — la otra —: y aquí estamos. –Eso, mira, es verdad — mamá —: aquí toda la tarde, que fíjate qué hora es ya y sin haber sacado nada en claro. Y que venga, vamos a cenar algo y a dormir que nos estamos cayendo todos de sueño mañana seguiríamos y, a Pascual, que esperaba que no le disgustase la habitación que le hemos preparado como usted es tan… pero que ya sabía que, como la casa no era muy grande, no teníamos otra y, bueno... en fin, dando un suspiro, era la del pobrecito Pascual. Y, a mí, de pie en el centro del salón, vamos chiquitina, que ahí adormilada en tan mala postura te va a doler el cuello. – ¿Y Pascual? Y que pues debajo de la mesa, como siempre, y que esa es otra, que aún lo tenemos que sacar. Transgresiones
All rights reserved
2308285163723
Calpurnia
08/28/2023
Una muchacha delgadita
http://valentina-lujan.es/R/qtanatare.pdf que, tan atareada como andaba siempre en cuidarse de sí misma y atender, antes que a nada en el mundo, a sus propios intereses y a sus horarios tan rígidos, llegaba siempre tarde y acelerada y, en cuantito se hacía la hora, ya las estaba piando por marcharse aunque nada más nos estuviesen quedando por hacer unos retoques que, ahora sobre la marcha y en caliente, decía la señorita Benilde, se incorporaban sin esfuerzo ninguno aun al más difícil de los caracteres. Y el de Calpurnia lo era. El carácter de Calpurnia era, y había que admitirlo y darlo por bueno aun con todas las salvedades que se le pudieran imputar ― sotto voce, por supuesto, siempre, y jamás en presencia de extraños por más que fueran íntimos de alguno de esos que los presentaban como como hermanos ―; uno de los más difíciles que hubiesen adornado nunca a miembro alguno de nuestra comunidad. –Y yo lo admito ― comentaba la Prieto con sus amigas ―, y lo doy por bueno… ¡no lo he de dar!; pero tendréis que reconocer conmigo que, por parte de Genoveva, fue una osadía que muy bien le podía haber salido mal. –Le podía, le podía… ― le replicaba una a la que llamábamos Mari, la del bajo ―: ¡Le podía pero le salió bordao! –Bordao, sí; pero a medias. –Eso parece un poquit… –Parecerá ― la Prieto ― todo lo un poquito que tú quieras; ¿pero fue ― mirando con lentitud, a los ojos, a cada una de todas las demás ―, o no fue así? –No, mujer, si sí ― la tía Sonsoles, que quiere que todo esté en su sitio y no suele gustarle ni quitar ni poner –: ¡Claro que lo fue! Pero lo que no iréis a negarme es que Genoveva es mucha Genoveva y te hace, si viene al caso, dos y hasta tres cosas a la vez… – ¡Pues una temeridad, te estoy diciendo; insisto! ― la Prieto ―; porque una cosa tan complicadísima como es el carácter de Calpurnia, hay que hacerla sola, con los cinco sentidos y poniendo muchísimo cuidao. Y podía estar en lo cierto o infravalorando a Genoveva, que fuera nadie a saber erigirse en juez cuando se estaba siendo parte, pero lo que nadie osaría discutirle era que, en verdad, la elaboración del carácter de Calpurnia tan cargado de contradicciones había corrido pareja con la confección de las cortinas del salón, a aguja de gancho con madreselvas entrelazadas. Lo que quería decir ― resumía la señorita Licinia, utilizando las palabras justas para zanjar el tema antes de que sonara el timbre del bocadillo ―, para no andarse con rodeos, que elaboró uno y otras a ratos perdidos, tomando y dejando ora esta labor ora aquella tarea y alternándolas ambas, por añadidura, con sus múltiples obligaciones consistentes en cuidarse, a temporadas, de tener a todo el vecindario al corriente de en qué país vivíamos o, a ratos, de que no faltara, en tal o cual esquina, la entidad bancaria pertinente y acorde con los tiempos de enorme auge económico que estuviéramos presumiblemente conociendo ― o desolación, epidemias y hambruna cuando no pudiera evitarse una guerra ― ni sobrase, en mejilla alguna, arrebol como el que adornó tan en exceso las de la infortunada Clemencia. Que era mucho decir, así de un tirón, y una de tantas de entre las muchas aseveraciones que tenían que llenar a todos de una cierta perplejidad de la que ― porque estaba escrito ― nada más podríamos salir cuando hubiéramos recabado información ante Proserpina acerca del fundamente de las tales. Pero cuando acudiéramos, si no todos sí una comisión, a pedírsela, ella, Proserpina, se limitaría ― porque también estaba escrito aunque, en este caso, por Luzmila ― a encogerse de hombros o a responder, todo lo más, con un muy desahogado y yo qué sé. Y que si o es que, argumentaría, disponéis, diría, de todos los parientes consanguíneos... Transgresiones
All rights reserved
2308285161767
Nuestra pequeña comunidad
08/28/2023
Señorita Marcela
http://valentina-lujan.es/T/tansimpleitan.pdf tan simple y tan pequeña y tan sencilla y tan, en definitiva, de andar por casa o, como mucho, por las escaleras o el barrio que, por entonces, estaba todavía sin asfaltar y sin semáforos ni más alumbrado público que unas cuantas muy desperdigadas farolas de gas, sino a historias infinitamente más complejas vividas por personajes oriundos de tierras muy remotas acostumbrados a conducirse ― la tía Enedina lo contaba ― de maneras tan insólitas que nos dejaban, decía, perplejos y anonadados. Pero es que la tía Enedina contaba muchas cosas porque, como decía Gervasio el de la sastrería, “esta se las suele apañar pa no cortarse ni un pelo”. Y era verdad. Cierto como el sol que nos alumbra que, en cuantito Calpurnia se retrasaba un minuto, o el sopor de la tía Cándida era tan profundo que aunque la zarandeásemos no se espabilaba lo suficiente como para que no se le trabase la lengua con su “juego de palabras”, o alguno ― nuevo por lo general ― titubeaba o le daba vergüenza o se atascaba, allá que salía al quite con un desparpajo y una gracia que hacía las delicias de hasta los más desabridos la tía Enedina contando lo que se terciara si bien, por no faltar a la verdad, justo sería decir y sin duda lo dirá algún deslenguado... o bien nacido, o adalid de la nobleza o esbirro de la mendacidad, que, como quien mucho habla mucho yerra y Enedina aun dentro de su atolondramiento lo sabía, tan pronto le echaban el alto y “Magdalena, tú a lo tuyo y punto en boca” la devolvía ella, Enedina, ¡Enedina, por favor ― don Carmelo, que perdía la paciencia no sé de verdad qué hay que hacer con esta chica pasándose la mano por la calva rosada ― que conviene fijarse!, a sus lares y a sus pucheros, resignada, limpiándose las manos con un trapo de cocina. Transgresiones
All rights reserved
2308285161637
Su día
08/28/2023
La Balbuena
http://valentina-lujan.es/R/quellagusvale.pdf Que ella gustaba rememorar así: mi día. Aunque todo el mundo estaba al cabo de la calle del hecho ― puntual, como puede comprenderse, puesto que no era un gesto cotidiano el ir regalando por ahí días, y ni aun minutos, a nadie porque, en primer lugar, siendo tantos difícilmente podíamos tocar a más de uno y, en segundo, porque se veía con muy malos ojos eso de adelantarse a los acontecimientos desprendiéndose por propia voluntad de algo que, al fin y al cabo y sin esfuerzo alguno, se terminaría de todos modos perdiendo ― de que había sido doña Magdalena quién, cierta noche, requerida lejos con urgencia por al parecer enfermedad repentina de una señora que tenía que expirar al amanecer sin falta, se lo había entregado antes de partir, a escondidas y envuelto en su pañuelo de batista bordado, junto con sus pendientes y la explicación, que ésta vez sí que dio, de que allá donde voy, hija, tienen de todo y nuevo de manera que “ellos” la aprovisionarían de cuanto hubiese menester sin tener ella que ocuparse de nada. Bernardina entonces había querido llorar, enternecida porque, sí, se murmuraban muchas cosas de ella y algunas poco decían en favor de lo que Basilia en término no poco anticuado denominaba “su honra”, pero, a la hora de la verdad, Bernardina era tan exigente para consigo misma que llegaba a imponerse metas tan ambiciosas a alcanzar tan a tan corto plazo que “no tan aprisa”, la frenaban porque las lágrimas, lo mismo que las carcajadas, resultan ridículas si no se tiene un perfecto dominio sobre la técnica; y, eso, llevaba su tiempo… Transgresiones
All rights reserved
2308285161606
Muchísimas más
08/28/2023
Rosarito Zárate
http://valentina-lujan.es/m/masperoprue.pdf pero pruebas nada más {y ninguna larga serie de explicaciones o justificaciones o alegaciones que poquita luz iban a arrojar sobre el hecho (circunstancial y tan del todo prescindible como cualquier otro y de cualquier otra escena de tantas a las que ― por evitar broncas con las madres ― habría que encontrar acomodo) de que a Loreto (doña) y aunque nada más fuera sobrina no le quedasen cebollas ni de que ― tan a punto de llorar que la señorita dijo bueno, no importa, dejadla tranquila y que ya encontraríamos otra causa cualquiera porque, dijo, motivos no habrían de faltar y que ya lo veríamos cuando el borrador ― porque, que no nos hiciéramos ilusiones, esto es apenas un borrador plagadito de tachones y, lo que más la irritaba, con faltas de ortografía “a troche y a moche”― estuviera mecanografiado y en limpio o, por lo menos, sin las típicas manchas de grasa que, o es que a ver si nos habíamos creído que ella era tonta, se notaba a la legua que eran de bocadillo de sardinas y, concretando, en escabeche y, también y no menos importante, en la confianza un poco cosida con alfileres de que él, Lorenzo (don), se quedara medianamente conforme y no siguiese demandando más} y no demasiado menos contundentes que las que hubieran podido servir para levantar un poquito el ánimo de doña Dídima víctima, siempre, del inveterado derrotismo de que Honorina la investía por más que se esforzase en dibujar un personaje no te pido que sea exactamente la alegría de la huerta, le explicaba la señorita, pero sí tan sólo un poquitín menos cenizo. Aunque tan dulce. Porque doña Dídima era, a más del mencionado cenizo, también y por contra ― que se lo habría repetido mil veces ―, persona paciente y, sobre todo, un dechado de dulzura que convendría Honorina, no olvidar (encarecía), porque si pasábamos por alto esos pequeños detalles, rasgos a veces insignificantes de los infinitos caracteres que aquí y por la gracia de Dios nos congregamos, los personajes nos quedarían muy planos, prácticamente todos iguales, y la representación que se nos había encomendado hacer de este mundo en que habitamos, Honorina, ¿me estás entendiendo?, una cosa insustancial y sin encanto alguno que nos abocaría, a todos y después de habernos esforzado tanto, a la grisura y al olvido. Y Honorina cabeceaba, asintiendo, pero sin levantar la vista de la punta de sus zapatos con ese aire, tan suyo, de estar pensando siempre en otra cosa y diferente (indefectiblemente) de lo que allí y en aquel momento tocara. Que qué desesperación. Y bebía, al fin, un sorbito del vaso ― de agua, si algún gracioso no había tenido la ocurrencia (aprovechando que estaba resfriada) de dar el cambiazo por ginebra ― que, no sabía por qué, en ocasiones la reconfortaba. Transgresiones
All rights reserved
2308275159569
Mejor que dijera cualquier otra cosa
08/27/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/mejorquedij.pdf como por ejemplo que si quiero otro café, que es algo que suelen decir las camareras cuando a instancias del escritor que les da vida se muestran predispuestas a colaborar; que fue este un pensamiento que me desazonó ― le comenté a mi amigo, como todo lo relacionado con nuestro (o, bueno, “suyo”) trabajo se lo comentaba ― porque (le expliqué) me asaltó con él la duda de si no estaría yo, sin la menor intención y sin ni darme cuenta, valiéndome, sirviéndome de alguna otra camarera a la que hubiese dado vida cualquier otro escritor que yo, aunque no fuese capaz de recordar cuál ni en qué novela, estuviera utilizando ahora como arquetipo de la mía… ‒ ¿Arquetipo? ― Ataja de improviso mi amigo, sin darme tiempo a desarrollar mi reflexión. Y que si es que, dice, estoy totalmente seguro de que mi camarera o, bueno, dice, la de ese otro escritor que a lo mejor tú hayas leído es la representación divina, cósmica, de la camarera perfecta. ‒Pues no sabría decirte con tanta precisión ―le contesto ―, que mucho no la conozco; pero sí me parece que bastante buena, porque he observado que lleva muy bien la bandeja, sin que le tiemble el pulso ni nada, aunque vaya llena, sin que se le caiga ni haya, casi seguro, roto jamás un plato… ‒ ¿Y la de ese otro escritor que a lo mejor dices tú que… ‒ Pero si es que ― le digo ― ya te digo que no me acuerdo. ‒ De todas maneras ― vuelve a atajar ―, y aunque no hubiese roto un plato, y que sería raro porque qué camarera a lo largo de toda una vida profesional no ha roto alguna vez un plato, no me estoy yo refiriendo a eso. ‒ ¿A qué, entonces? ― le pregunto. Me responde entonces con que, antes de pasar a limpio eso de cómo qué estuviera utilizándola yo ahora, me empape bien de cuáles son las diferencias entre arquetipo, prototipo y estereotipo; porque a lo mejor lo que estoy queriendo decir es otra cosa. Continuará (cuando me lo sepa) Versaciones
All rights reserved
2308275159415
Tristes recuerdos
08/27/2023
Felipe Ledesma
http://valentina-lujan.es/alicia/tristesrec.pdf de los que hasta la fecha no había hecho partícipe a nadie — no por no darlos a conocer puesto que, como la que se había comportado de forma sumamente reprobable había sido su nuera y no su hijo, que era una bellísima persona y muy trabajador y muy buen hijo pendiente siempre de su madre, ella no tenía nada que ocultar ni de qué avergonzarse sino por evitar que la niña, su nieta, fuese mirada con conmiseración por la vecindad que, deseoso cada individuo (y sobre todo las “individuas”, puntualizó doña Isidora arremangando la nariz) de dejar patente su buen corazón, la asaetearan con constantes condolencias y “pobre angelito, tan pequeña” venga pasarle la mano por las trenzas y dándole besos y preguntando “¿de quién te acuerdas más, de tu papá o de tu mamá? hasta que la criatura terminase llorando — pero, ahora, ya fuese porque con motivo de la tacita de harina para el bizcocho o del vestido de organdí desteñido por culpa de un edredón sin centrifugar (que a quién se le ocurre) “hemos entablado amistad” dijo la abuela y cogido un algo de confianza, se animaba a desvelar la verdad de una historia un tanto rocambolesca que había sido la oficial consistente en que los padres de la niña habían fallecido en trágicas circunstancias nunca estuvo muy claro (a doña Isidora siempre que lo recordaba le daban taquicardias y perdía la noción del tiempo y del espacio) si en el hundimiento del Titanic o en la erupción del Krakatoa y confiarles que la verdad era muy otra pero no, quería que esto quedase claro, por chismorrear ni poner verde a su nuera sino para dar la explicación comprensible y razonada de que la niña viviese con ella. No continuará Versaciones
All rights reserved
2308275158173
Si soy capaz de saber cómo
08/27/2023
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/Y/ysinolosoy.pdf Y, si no lo soy, contaré la bronca que me echó por la tarde en el museo del Prado, frente a la fragua de Vulcano ― le dije a mi amigo, no muy seguro yo de no estar improvisando ―, por tener tan poquísimo seso y tan nulo sentido de la responsabilidad tomando decisiones de tanta importancia y que afectan de un modo tan esencial a, dijo, “las vidas de todos nosotros” e incluso, abundó, las de personas del todo inocentes que están lejos, tan tranquilas o tirando de sus propios problemas como pueden o como su creador les da a entender, y no tienen la menor idea ni de nuestras existencias ni de los líos que nos traemos. – Con lo sencillo que hubiera sido que usted ― “me reprochó, abanicándose con el catálogo”, catálogo que en realidad no era tal sino un periódico deportivo, doblado, que llevaba bajo el brazo un hombrecillo de mono azul que tomaba un cortado en la barra ― se inventara otro tipo de historia; de otras gentes que no fuésemos ni yo, ni mi marido, ni sus padres ni mis hijos ni nadie de nuestros familiares ni de nuestros conocidos ni de nuestro entorno. Y ahora ― “agregó en tono muy sereno, doblando el catálogo y metiéndolo en su bolso”, dije mirando cómo el hombrecillo salía por la puerta con su mono ― pretende salir del embrollo en que nos ha metido a todos desviando la atención del lector, confundiéndolo de una forma del todo deshonesta con no sé qué bronca que, entérese, y vaya si es que quiere salvar su obra cambiando de idea, no pienso echarle y, menos aún, aquí, delante de todo el mundo y sola, o, bueno, con usted pero Y ya tenía puesto el “pero” y el “pero” es prueba inequívoca de que a continuación va a venir una argumentación que dé un juego, cuando desde mi espalda me llegó la voz de Lola y, como mi amigo al oírme nombrarla pareció salir de la modorra o desinterés en que lo venía viendo sumido y de nuevo interesado alzó la mano derecha y con el índice marcó en el aire uno de esos puntos indefinidos que indican aquiescencia o que la ocurrencia es estupenda , quise volverme para darle las gracias por su aparición tan oportuna pero ― un “pero” en el que con la euforia de ver a mi amigo de nuevo ilusionado no había reparado al oírla ― no tuve tiempo porque ella, una vez encarrilada, remató su propio “pero” con… Pero va a quedar mejor presentado si lo trascribo exactamente como fue. Es decir, así: − Pero que es peor que sola “porque a ver cómo le explico yo a mi marido, después de haberle dicho que iba al colegio a hablar con el tutor del pequeño ― y usted escriba, dijo, dándose media vuelta para pasar a ponerse con la estantería, no se me quede mirando con cara de tonto, que si se lo tengo que repetir no va a salirme igual ―, que he pasado la tarde con usted mirando cuadros”. ─ “Es que lo lógico ― le contestará usted que perdone que se lo diga… que hay que ver la de polvo me contestó pasando la gamuza por los libros que cogen los libros, no sé para qué tiene tantos sin tiempo de leerlos con tanto escribir; perdone que se lo diga pero usted es muy cartesiano y no tiene apenas imaginación ― cuando se está en un museo es mirar cuadros”. ─ ¿Y qué hay de malo en eso? ― Le dije a mi amigo que le respondí, es decir le pregunté yo. ─ Pues eso precisamente ― seguí contándole a mi amigo que me había contestado ella ― que cómo no sabemos si ella... Versaciones
All rights reserved
2308275158029
Si soy capaz de saber cómo
08/27/2023
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/ysinoloso.pdf y, si no lo soy, contaré la bronca que me echó por la tarde en el museo del Prado, frente a la fragua de Vulcano — le expliqué a mi amigo intentando devolverle la confianza en mis dotes creativas que, por su actitud distante y la mirada ausente que dedicaba a los papeles, me daba la impresión de que empezaba a perder — por tener tan poquísimo seso y tan prácticamente nulo sentido de la responsabilidad tomando decisiones de tanta importancia y que afectan de un modo tan esencial a, dijo, “las vidas de todos nosotros” e incluso, abundó, las de personas del todo inocentes que están lejos tan tranquilas o tirando de sus propios problemas como pueden o su creador les da a entender y no tienen la menor idea ni de nuestras existencias ni de los líos que nos traemos. – Con lo sencillo que hubiera sido que usted — “me reprochó, abanicándose con el catálogo”, catálogo que en realidad no era tal sino un periódico deportivo, doblado, que llevaba bajo el brazo un hombrecillo de mono azul que tomaba un cortado en la barra — se inventara otro tipo de historia; de otras gentes que no fuésemos ni yo, ni mi marido, ni sus padres ni mis hijos ni nadie de nuestros familiares ni de nuestros conocidos ni de nuestro entorno. Y ahora — “agregó en tono muy sereno, doblando el catálogo y metiéndolo en su bolso”, dije mirando cómo el hombrecillo salía por la puerta con su mono — pretende salir del embrollo en que nos ha metido a todos desviando la atención del lector, confundiéndolo de una forma del todo deshonesta con no sé qué bronca que, entérese, y vaya si es que quiere salvar su obra cambiando de idea, no pienso echarle y, menos aún, aquí, delante de todo el mundo y sola, sin ningún apoyo, sintiéndome totalmente desvalida sin la presencia ni el respaldo de mi marido, Y ya tenía puesta la coma, y la coma es prueba inequívoca de que a continuación va a venir algo , cuando Lola — y como mi amigo, al oírme nombrarla, pareció salir de la modorra (o desinterés) en que lo venía viendo sumido y, de nuevo interesado, alzó la mano derecha y con el índice marcó en el aire uno de esos puntos indefinidos que indican aquiescencia o que la ocurrencia es buena, pensé que la opción era acertada y me animé a continuar —, porque Lola tiene la mala costumbre de, simulando estar limpiando el polvo, leer las páginas por encima de mi hombro y de hacer comentarios, me saltó con un “usted sabrá, pero convendría que tuviera más o menos pergeñada una buena explicación de cómo habían llegado al museo”. – “Vamos, Lola”, le respondí — le dije a mi amigo —, y que no me hiciera perder el hilo con minucias ahora que me empezaba a encarrilar porque que eso qué más daba; y que habríamos llegado en metro o en autobús. – “No señor”, replicó Lola — le seguí contando aunque omitiendo que el “señor” no era ese “señor” respetuoso que... Versaciones
All rights reserved
2308275158005
Con alguna ayuda de mi amigo
08/27/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/C/Con alguna ayuda de mi amigo.pdf si bien, y en honor a la verdad, no me sentía obligado a deberle por ello gratitud alguna ya que esta, la mía, “mi Sonia”, se estaba aprovechando muy poco del temperamento dulce y sereno que adornase —a juzgar por el esbozo muy en esquema que me proporcionara él en el Cofee & Shop la tarde lluviosa de nuestro reencuentro— a una moribunda cuando, en pura lógica , apuntó él mismo tal vez por animarme, qué arrestos, ni qué energías, ni qué ganas de soltar exabrupto ninguno ni proferir insultos o pegar portazos cabría esperar de quien está exhalando su último suspiro. Apunte que me vino muy mal si he de ser sincero y aun a riesgo de quedar como un desagradecido porque —justo ahora que me empezaba a hacer yo la ilusión de ir cogiéndole el tranquillo a eso de ser escritor y me sentaba fatal tener que desviarme del tema que más o menos tenía un poco trazado para dedicarme a un dar unas gracias con el que en absoluto había contado y del que me preocupaba cómo resolver sin que sonara a falso o, peor aún, poco efusivo; ese muchas gracias que se da al recibir el cambio cuando has pagado una barra de pan o, intentando abrir el portal con las dos manos ocupadas porque además del pan traes un traje que has recogido del tinte y un paraguas porque está lloviendo, un vecino que salía te cede el paso y, además, te sujeta la puerta— , me preguntaba para mis adentros con un distraído gesto de cabeza y esbozo de sonrisa al vecino porque andaba ocupado, en el teléfono, recuerdo, concertando una cita con mi dentista porque llevaba dos días doliéndome una muela, cómo coño se plasma por escrito un muchas gracias efusivo sin tener que explicar al lector que es efusivo; y que lo entienda, claro, y no se quede pensando que eres un borde o un soso inexpresivo porque, el vecino, comprensivo, sí encontrará perfectamente razonable que no vayas por el mundo contando al primero que se te cruza que te está doliendo una muela, ¿no? O, bueno, yo por lo menos lo veo así. versaciones
All rights reserved
2308275157749
Una mujer francamente antipática
08/27/2023
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/alicia/unamujerfran.pdf Pero me prometí que lo arreglaría tan pronto llegase a casa; porque allí, en mitad de la calle ― poco iluminada, además ―, no era cosa de ponerse a sacar la carpeta de la cartera y ponerse a rebuscar en los papeles, tan revueltos, para tacharlo. Ella pareció haberme leído el pensamiento; porque volvió a sonreír y, en tono perfectamente amable, me dijo que de acuerdo pero que, por favor, no se me olvidase porque, bueno, dijo, una tiene sus pequeñas vanidades, espero que usted lo comprenda, y aunque nada más sea un personaje secundario ― y para colmo suplente, aunque eso no me duele porque ambiciosa no soy ― me gustaría no pasar a la historia como usted, acuciado por su afán tan comprensible de contar con un abanico lo más amplio posible de probabilidades de las que poder echar mano, me ha supuesto. Y, claro, como uno también tiene sus pequeñas vanidades y tampoco yo quería pasar a la historia ―de mi amigo, cuando consiguiese terminar de contarla ― como antipático, se lo prometí. Se lo prometí, pero me quedé desasosegado, con mal sabor de boca, por no haberle confesado que también yo era un personaje secundario, y que, sin más capacidad de decisión con respecto a ella que aquella de la que tuviese a bien dotarme mi propio creador, no tenía toda la seguridad del mundo de poder complacerla. Versaciones
All rights reserved
2308275157596
Unos zapatos de tacón color pistacho
08/27/2023
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/unoszapatpistacho.pdf que le había prestado por la mañana Sonia porque se había presentado en la puerta, llorando, decía que no sabía si porque no le (o no la) hubiesen operado bien del todo o porque al estar todavía convaleciente no se le hubieran asentado todas las hormonas y estuviera teniendo él (o ella) una crisis de identidad; pero el caso era que tenía que salir sin falta a hacer unas gestiones y sentía, sin saber por qué, una sensación terriblemente angustiosa de pensar que se tendría que calzar los nuevos, de cordones; y que qué podía hacer. Y Sonia, conmovida, se los ofreció, y un bolso a juego. Versaciones
All rights reserved
2308265150729
Alterego 13
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/D/alteregocinti.pdf … mientras que a mí, y para que usted comprenda cabalmente mi proposición y pueda ― continuó ― darme la primera de sus réplicas aunque me hago cargo ― puntualizó ― de que así bote pronto, sin previo aviso ni haber ensayado, tal vez no se le ocurra ninguna; pero no se preocupe que ya se irá soltando, yo soy persona paciente, comprensiva, que además quiere que seamos amigos, de manera que le daré en todo momento el tiempo que necesite, me parecerá un ejemplo absolutamente sensato… o “razonable” si le gusta más, que no vamos a empezar discutiendo por un detalle tan menor, porque argumentaré que se lo estoy poniendo, precisamente, ese y no otro menos estrafalario cual pudiera ser estetoscopio y cabrestante, para que usted pueda confiar plenamente en mí entendiendo que lo he hecho para que no le quepa la menor duda de que estoy plenamente convencido de que es la persona despierta, de mente ecléctica que yo necesito… ¿le ha quedado claro, o hay algo de lo hasta ahora expuesto en lo que considere que sería conveniente profundizar? ¡Conteste, hombre de Dios! ― exclamó en tono que me pareció impaciente, algo crispado ― Su misión consiste, creí que lo había entendido, en… − Ya sé ― le dije ―, en rebatir, contradecir, impugnar, refutar todo cuanto usted diga… Sí ― él ―, pero… ¿está seguro? − De que tenga o no que estarlo no hemos aún hablado nada. Pero si usted quiere podemos hablarlo, aunque, si quiere que le diga la verdad, a mí me parece que es una pérdida de tiempo que nos desviaría del tema principal que nos ocupa, o que, bueno, quiero entender que según usted debería ocuparnos. A usted le parece… ¡Bien! Usted quiere entender… ¡Estupendo! ¡Pero, concrete, coño; defínase! ¿Está seguro o no? − Pues… ¿Usted que prefiere? Hombre, si me lo pregunta le diré que yo preferiría que lo que yo hubiera de preferir lo eligiese usted. − Pero, que eso quiero yo tenerlo claro, que lo eligiese yo, pero, ¿para usted o para mí? Creo que no le entiendo. − Bueno, puede ser una pista. Entiendo y concluyo que me corresponde estar seguro, porque si usted no lo está… ¿Qué coño le hace pensar que yo no estoy seg… − Perdón, no he querido enfadarle, pero al percibirlo dubitativo no entendiendo, he pensado que… No, si, entiéndame, a mí me viene bien que usted piense, lo que quiera y lo que le venga en gana o lo que piense, que a veces también pasa, sin querer; que así yo me desentiendo de ese engorro y me puede dedicar a mis cosas; pero cuando piensa algo que no me espero me sobresalta, me hace perder el hilo de mis propias cavilaciones ¿Me comprende? − Sí, claro que le comprendo… Pues usted a mí me desespera, me saca de quicio… − Pues, le aseguro, que yo en absoluto he pretendido…, es más, deseo sinceramente que nos llevemos bien. ¡Qué disparate! − Pues a mí no me parece ningún disparate. ¡Joder! Nos ha costao, pero veo que nos empezamos a entender — Y me propinó un muy afectuoso palmetazo en el hombro, que me desconcertó, para a continuación y en tono perfectamente adusto preguntar por dónde íbamos. (Continuará)
All rights reserved
2308265150606
Alterego 12
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/H/piepagnumdos.pdf Aquí termina la auténtica y verdadera y única conversación que nuestro escritor y su alter ego mantuvieron la tarde lluviosa en que, al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminaban con prisas y paraguas abiertos profiriendo improperios o algún seco perdón dedicándoles miradas hostiles, se sentaron a la mesa de un Cofee Shop de la Carrera de San Jerónimo de la ciudad de Madrid. (Nota del editor) Alter
All rights reserved
2308265150156
Alterego 10
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Z/alteregocontidos.pdf … de afrontar algún imprevisto que puede ir desde, qué le diría yo, que en el techo aparece una gotera a que suena el teléfono o a… − El teléfono no. Estoy hablando con usted. Pues el móvil. − Estará sin batería, seguro; ya le dije que lo utilizo poco. Y además no sé dónde lo tengo. ¡Lástima, que podía ser una llamada importante! − Si piensa que con eso va a animarme… La última vez que lo atendí una desconocida me contó una historia que… Imagine que alguien, otro desconocido, la conminaba a devolver a las estrellas sus brillos que, según él, ella les había quitado… ¿No se lo estaría inventando? Alter
All rights reserved
2308265150125
Alterego 8
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Z/alteregocinti.pdf … mientras que a mí, y para que usted comprenda cabalmente mi proposición y pueda ― continuó ― darme la primera de sus réplicas aunque me hago cargo ― puntualizó ― de que así bote pronto, sin previo aviso ni haber ensayado, tal vez no se le ocurra ninguna; pero no se preocupe que ya se irá soltando, yo soy persona paciente, comprensiva, que además quiere que seamos amigos, de manera que le daré en todo momento el tiempo que necesite, me parecerá un ejemplo absolutamente sensato… o “razonable” si le gusta más, que no vamos a empezar discutiendo por un detalle tan menor, porque argumentaré que se lo estoy poniendo, precisamente, ese y no otro menos estrafalario cual pudiera ser estetoscopio y cabrestante, para que usted pueda confiar plenamente en mí entendiendo que lo he hecho para que no le quepa la menor duda de que estoy plenamente convencido de que es la persona despierta, de mente ecléctica que yo necesito… ¿le ha quedado claro, o hay algo de lo hasta ahora expuesto en lo que considere que sería conveniente profundizar? ¡Conteste, hombre de Dios! ― exclamó en tono que me pareció impaciente, algo crispado ― Su misión consiste, creí que lo había entendido, en… − Ya sé ― le dije ―, en rebatir, contradecir, impugnar, refutar todo cuanto usted diga… Sí ― él ―, pero… ¿está seguro? − De que tenga o no que estarlo no hemos aún hablado nada. Pero si usted quiere… No. No quiero nada. Pero lo que quiero decir… − Así que sí que quiere. Y si quiere también que lo nuestro funcione será mejor que ya desde el principio lo diga abiertamente. Necesito saber a qué atenerme… Ya, pero corre usted tanto que… ― hizo una pausa que utilizó en sacar un cigarrillo que hizo el gesto de ir a alargarme, pero por alguna razón se le escurrió de los dedos y cayó al suelo; lo recogió, se lo colocó entre los labios y sacó otro para mí, que no se cayó, y con el mechero bic que sacó del bolsillo de su americana me dio fuego y encendió luego el suyo ―; pero, en fin, a mí me parece que quedaría mejor “rebatir, impugnar, contradecir, refutar” … Por lo de la rima, la cadencia, encuentro que resulta más armonioso… ir – ar – ir – ar. Pero tampoco es que quiera yo imponer ningún criter… aunque, sólo a modo de inciso, no ha dicho de qué color es el mechero. − ¿Importa eso? ― pregunté. Si quiere que le diga la verdad… − Quiero. Quiero ― yo, poniendo énfasis. Pues la verdad es que a mí nada; pero si a usted lo que le tira es el realismo, los detalles, me conviene saberlo para que nos movamos en un mismo plano de intereses. − El único mío es ponerle a usted el contrapunto. Entonces va a ser mejor, ¿no le parece?, que nos movamos en distintos planos. − Eso creo yo. Pues ya la hemos jodido… O quizás aún no del todo ― y su mirada se iluminó con un destello de esperanza ― ¡Pero no se me ponga cursi, coño, “destello de… la leche”! A mí, apréndaselo, me gusta ir al grano y, las florituras… − Justamente por lo del contrapunto es por lo que pensé… Pero si usted no quiere o no le gusta… No; si que piense sí, que así me veo eximido de tener que hacerlo yo… Y que es por cierto, ¿sabe?, bastante cansado; que llevo un rato dando vueltas a lo del cigarrillo que si se cayó que si no se cayó, que si el fuego que le di… Hay algo que no encaja con la idea que tengo de esta conversación en la cabeza… − A mí en cambio, fíjese, me parece que pone un toque de… naturalidad, veracidad, a la escena… El cigarrillo se cae, usted lo recoge, en lugar de dármelo se queda usted con él, lleno de microbios porque estamos en la calle, parados en la acera; ese gesto lo pone a usted en buen lugar porque denota que es una persona, cortés, educada… Además, el incorporar movimiento, objetos, aporta color, una imagen, un efecto visual que de algún modo… arropa, da consistencia al dialog… Me importa un huevo ser cortés o puñetas; y si tiene usted el capricho de decorar nuestra conversación con efectos visuales invénteselos. Puede decir por ejemplo que se escucha el canto de un canario… ¿o le resulta difícil inventar el canto de un canario? Si es así… A ver, déjeme pensar… ¡que se oyó el timbre de la puerta, me levanté a abrirla y en el pasillo que estaba a oscuras tropecé con… bueno, no se me ocurre, pero con algo, y solté, que puede adornar mucho y ser de su agrado, una interjección tipo “¡¡¡cagoenlap!!!” porque, y mire que esto voy a hacerlo por usted, andaba descalzo y me he jodido el dedo gordo del pie derecho! ¿Qué le parece? − Pues que un canario, en la calle, con el ruido del tráfico, en invierno, cuando son aves de interior y lo normal es que la dueña, anciana y con toquilla, lo tenga en el cuartito de estar, no sé yo si no hace falta un oído demasiado fino… (continúa) Alter
All rights reserved
2308265150071
Alterego 6
08/26/2023
Valentina Luján
http://valentina-lujan.es/C/alteregcontiunob.pdf No me está entendiendo. Estoy en mi casa. − Pues mejor me lo pone, porque si vive lejos. ¿Y qué más dará eso? El canario es mío, y estoy hablando por teléfono. − Entonces estaré interrumpiéndolo. Dejamos en tal caso esto, si le viene mejor, para otro momento. ¡Pero no se entera! − Por supuesto que no. No se preocupe ¿Cómo podría enterarme? Estoy hablando con usted. − Ya, ya. Usted y yo estamos hablando por teléfono. − Me temo que está confundido. El móvil lo utilizo poco y no suelo llevarlo conmigo. Céntrese, por favor. Usted está en su casa y yo en la mía. − ¿Seguro? ¡Lo sabré yo! − Se entiende entonces lo de los calcetines. ¿Qué calcetines? − Cuando el golpe en el dedo. Usted caminaba por el pasillo y… Dije “descalzo”. − ¿Importa mucho? No, en realidad… Y si no va a haber manera de que se desprenda usted de esa costumbre suya de adornar… − Ah. Eran feos y además, que siento decírselo porque es una falta de educación pero para que vea que no adorno tanto, estaban rotos. ¿De veras? − Un tomate así de grande. No se tome la molestia de gesticular. Ya le he dicho que no le veo. Ni usted a mí. No nos hemos visto nunca. − ¿Qué pasa entonces con los cigarrillos, y el mechero, y todo eso? Bah. Da igual. Esto de ahora está siendo nada más una primera toma de contacto. Si lo nuestro prospera y llegamos a ir en serio ya se harán las correcciones pertinentes… − “Ya se harán”. Qué manera tan impersonal de decirlo. Claro, que usted se lo puede permitir. El marrón me lo tendré que comer yo… Y a mí, usted no lo sabe pero ya me irá conociendo, los trabajos me gustan muy limpios. ¿Y a quién le gustan, amigo mío, los trabajos sucios? Tampoco yo, créame, me rebajaría a hacer algo que, además de ser del todo indigno, no es en absoluto lo que le estoy pidiendo ya que de lo contrario jamás hubiera depositado mi confianza en usted… − ¿Debo entender que la ha depositado ya? Ah. Yo no voy a obligarlo a nada. Quiero que en todo momento goce de absoluta libertad. Pero si usted lo considera conveniente “deba”, en la seguridad, como es natural, y puedo darle de ello mi palabra, de que en uso de la tal libertad, absoluta, insisto, que vengo de concederle, no le haré el menor reproche si en vez de deber lo deja usted en un más o menos hipotético poder. − Pues no me aclara su respuesta mucho, permítame que se lo diga, cuáles son en concreto los términos de nuestro acuerdo; que consideraría establecido desde ya si, también desde ya, me estuviese usted dando su palabra. Pero frente a la posibilidad de que su poder se quede en agua de borrajas… ¿en qué quedaría mi libertad? ¿Su libertad? ¿No piensa que debería, por un momento sólo, que no le pido mucho, pararse a pensar en la mía? − Por profesionalidad entiendo que no debo pensar nada ni en nada de lo que usted no me haya dado previamente el pie ni la pauta. Y, estará de acuerdo conmigo si repasa sus propias palabras en que de su libertad no ha dicho nada, ni una. Vamos a ver, recapitulemos. Vengo de decirle que somos amigos… − ¿Sí? Hombre, claro. Si repaso (y me limito a atender a su indicación) mis propias palabras me encuentro con “¿Y a quién le gustan, amigo mío, los trabajos sucios?” ¿No queda en dicha interrogación implícito que lo somos? − Por su parte sí. Pero por la mía no sé de verdad a qué debo atenerme. ¡Pues elija, hombre de Dios, que a tiempo estamos! Que si decidiese que por su parte no sólo tendría que hacer algo tan sencillo como sustituir al amigo mío por un caballero. − No sé; es complicado. Ser un caballero es algo enormemente digno, me daría mucha prestancia, pero ello exige ser demasiado esclavo de uno mismo, de las propias palabras, del quién sabe qué linaje… En fin, que no termina de convencerme. ¿Amigos entonces? − Amigos. Va a ser lo mejor mientras no se demuestre lo contrario. Así pues y entretanto, tal y como le dije puesto que por de pronto no hay por qué desdecirse, me reafirmo en que de lo contrario jamás hubiese depositado mi confianza en usted y en que usted, a su vez, puede deber o poder o entender lo que mejor le parezca siempre y cuando que… (continúa) Alter
All rights reserved
2308265149945
Alterego 5
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Z/alteregcontiunoa.pdf (imagen en pdf) Alter
All rights reserved
2308265149921
Alterego 4
08/26/2023
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Z/alteregcontiuno.pdf No me está entendiendo. Estoy en mi casa. − Pues mejor me lo pone, porque si vive lejos. ¿Y qué más dará eso? El canario es mío, y estoy hablando por teléfono. − Entonces estaré interrumpiéndolo. Dejamos en tal caso esto, si le viene mejor, para otro momento. ¡Pero no se entera! − Por supuesto que no. No se preocupe ¿Cómo podría enterarme? Estoy hablando con usted. − Ya, ya. Usted y yo estamos hablando por teléfono. − Me temo que está confundido. El móvil lo utilizo poco y no suelo llevarlo conmigo. Céntrese, por favor. Usted está en su casa y yo en la mía. − ¿Seguro? ¡Lo sabré yo! − Se entiende entonces lo de los calcetines. ¿Qué calcetines? − Cuando el golpe en el dedo. Usted caminaba por el pasillo y… Dije “descalzo”. − ¿Importa mucho? No, en realidad… Y si no va a haber manera de que se desprenda usted de esa costumbre suya de adornar… − Ah. Eran feos y además, que siento decírselo porque es una falta de educación pero para que vea que no adorno tanto, estaban rotos. ¿De veras? − Un tomate así de grande. No se tome la molestia de gesticular. Ya le he dicho que no le veo. Ni usted a mí. No nos hemos visto nunca. − ¿Omito entonces el contarle que al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee & Shop y departiendo, con perfecta naturalidad, como cuando éramos amigos inseparables? De momento creo que va a ser lo más razonable, que de lo contrario tendríamos que remontarnos a los orígenes de nuestra amistad. Evocar quién sabe si la infancia, los tiempos del colegio, los padres, los hermanos, los abuelos, los pueblos respectivos… porque, he ahí un inconveniente, lo más seguro es que no diera la casualidad de que naciésemos en el mismo, y ahí se complicaría la cosa porque habría que organizar un traslado, por motivos laborales, por ejemplo, de su familia o de la mía y eso por no dramatizar achacándolo a cualquiera de tantas migraciones como por motivos bélicos se han dado a lo largo de la historia, que podría venir a resultar que somos de distintos países, quizás incluso de distinta raza, y que hablamos en distinto idioma… − Pues eso sí que sería un problema serio, que yo solo hablo el mío. Por eso le digo. − ¿Qué pasa entonces con los cigarrillos, y el mechero, y todo eso? Bah. Da igual. Esto de ahora está siendo nada más una primera toma de contacto. Si lo nuestro prospera y llegamos a ir en serio ya se harán las correcciones pertinentes… − “Ya se harán”. Qué manera tan impersonal de decirlo. Claro, que usted se lo puede permitir. El marrón me lo tendré que comer yo… Y a mí, usted no lo sabe pero ya me irá conociendo, los trabajos me gustan muy limpios. Me parece bien, como no podía ser menos, que por eso voy a depositar mi confianza en usted. Pero nadie va a discutirle su derecho a tomarse la pequeña libertad de, en su privacidad, antes de que salgan a la luz, quitar, poner, modificar, mover, subir, bajar… − No sé, creo que a mí me gusta más tener las cosas claras desde el principio. Saber de dónde vengo y adónde voy… “¡Adonde voy!” ― exclamó en tono no sabría concretar si en tono resentido o nada más burlón (o viceversa, que tampoco lo sé) ― ¡Pero si a veces se comporta como si lo supiera, o lo intuyese, al menos! Y eso, amigo mío, creo que es un grandísimo error por su parte porque lo empuja, sin que usted se percate, a fijar la mirada en lo que de forma inconsciente acepta como punto de destino, y ansioso por llegar a él pierde la visión de conjunto, del paisaje, de los caminos y senderos adyacentes por los que no se adentrará perdiéndose, quien sabe cuántas posibilidades… − De acuerdo. Me ha convencido. Pero lo de amigo lo dejo. Si se empeña… − No es que me empeñe, es que es usted mismo el que termina de decirlo. Ah. Es cierto. Y, como dice el viejo aforismo, uno es esclavo de sus palabras. − Y, para decirlo todo, dueño de sus silencios. Con lo que viene a quedar si no llevo mal la cuenta que uno es dueño y esclavo al mismo tiempo ¿No? − Bien razonado sí que parece estar. Pero, si uno se queda tanto con la esclavitud como con el derecho de propiedad, ¿qué le queda al otro? Pues, según yo lo veo, ser dueño de sus palabras y esclavo de sus silencios. (continúa) Alter
All rights reserved
First | Previous | Page 36 of 506 | Next | Last
write to us if you want to leave us a message
© 2026 Safe Creative