El otoño se presentaba desapacible, con muchos días de tormenta y fuerte viento. Marta intentaba dormir. El ruido de las gotas de lluvia al golpear los cristales de la habitación y el siseo del viento, impedía que lograra conciliar el sueño. Había tenido un día de emociones fuertes y eso, unido al escándalo de la tormenta con sus relámpagos y sus truenos, la habían desvelado por completo. Se levantó, y buscó a tientas sus zapatillas; pulsó el reloj de su mesita de noche y la luz fluorescente mar
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